En esta quincuagésima primera entrega te presentamos a Mauricio Rico, director de movimiento y coreógrafo, que ha hecho del cuerpo su principal territorio de investigación y creación. Como artista multidisplinario,  su trabajo navega en la frontera entre las artes escénicas y los medios audiovisuales, desarrollando lenguajes propios y formatos alternativos.

¿Quién es Mauricio Rico?
Mauricio Rico es un artista multidisciplinario, director de movimiento y coreógrafo mexicano cuya práctica se desarrolla en la intersección entre las artes escénicas y los medios audiovisuales. Su trabajo se enfoca en la investigación del cuerpo como herramienta expresiva y en la creación de lenguajes y formatos alternativos.

¿En qué se centra su práctica artística?
Su práctica se sitúa en la creación interdisciplinar, explorando dispositivos que habilitan procesos autorales, lenguajes personales y nuevas formas de presentación escénica. Le interesa experimentar con el cuerpo y los medios audiovisuales para expandir las posibilidades de la escena contemporánea.

¿Qué formación y trayectoria profesional tiene?
Mauricio se formó en danza y actuación en la ENAT-INBAL, lo que respalda una trayectoria con proyección nacional e internacional. Ha participado en procesos de creación, formación, gestión y producción artística en diversos contextos y disciplinas.

¿Qué reconocimientos y proyectos destacan en su carrera?
Ha sido beneficiario de apoyos del Sistema de Creación (FONCA), EFIDANZA y galardonado con premios como los ACPT, Luna del Auditorio y los Premios Metropolitanos de Teatro. Además, es fundador de Plataforma P.M., un proyecto que impulsa investigación, creación y formación desde una visión interdisciplinaria, crítica y expandida de la escena contemporánea.

Más allá de las tablas…

Si tu vida fuera una obra de teatro, ¿qué género sería y por qué?
MR: Sería un biodrama post-dramático, una pieza híbrida atravesada por archivo interno. Un teatro que cruza lo íntimo y lo social, lo ritual y lo inesperado, con toques de tragicomedia porque me encanta la intensidad, la sorpresa y esa necesidad casi instintiva de transformar lo cotidiano en algo poético.

¿Qué es lo más inesperado que has hecho para inspirarte en un personaje o una obra?
MR: He hecho inmersiones radicales en zonas de la ciudad consideradas marginalizadas o invisibilizadas. Me he hecho pasar por un civil cualquiera para observar cuerpos, dinámicas, ritmos y gestos sin filtro. Creo profundamente que la fuente más potente de inspiración está en lo urbano: en lo cotidiano, en lo impredecible, en cómo el mundo se mueve sin darse cuenta de que está coreografiando algo.

Si pudieras compartir escenario, ¿a quién elegirías?
MR: Me encantaría compartir escenario con Björk. Su universo sensorial, narrativo y emocional dialoga con mi poética del movimiento: esa búsqueda de construir mundos donde el cuerpo se vuelve símbolo, lenguaje y territorio. También admiro profundamente la mirada escénica de Pina Bausch, pero siento que con Björk sucedería un cruce entre música, imagen y cuerpo que expandirá cualquier escena hacia lo ritual, lo visceral y lo imaginado.

¿Cuál fue el momento más divertido o vergonzoso que has vivido con tus colegas fuera del escenario?
MR: Después de una función de @niñoquebaila encontramos en una butaca una tarjeta devocional del Sagrado Corazón de Jesús que una mujer adulta mayor había dejado al irse. En lugar de pensarlo como un gesto de evangelización, lo leímos como un signo peculiar, casi poético. Más que vergonzoso o divertido, fue un momento entrañable, extraño y simbólico que nos dio ternura.

¿Cómo te gustaría ser recordado?
MR: Como alguien que miró la vida con profundidad e intensidad. Como un creador que acompañó a otros a encontrar su propio lenguaje a través del movimiento. Como un artista que construyó universos donde el cuerpo no solo se mueve: habita, recuerda y habla.

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