En cada función teatral, mientras los reflectores iluminan a los actores y el público se deja llevar por la historia, hay todo un universo que se mueve silenciosamente entre bambalinas. Hoy, en Conociendo a los creadores nacionales, nos asomamos al trabajo que realiza el personal de tramoya: esa figura clave que, aunque muchas veces invisible al ojo del espectador, es esencial para que todo lo que ves sobre el escenario funcione como un reloj.
En esta vigesimocuarta entrega te presentamos a Joel Velasco, Jefe de taller de tramoya del Teatro Santa Catarina.
¿Quién es Joel Velasco?
Joel es el Jefe de taller de tramoya en el Teatro Santa Catarina, un espacio que no solo conoce a la perfección, sino que también considera su hogar. Su historia con este teatro comenzó hace más de dos décadas, y aunque por un tiempo se alejó para colaborar en el área de Producción del Centro Cultural Universitario, volvió al Santa Catarina al año siguiente. “Este lugar me llama”, dice entre risas, reafirmando su conexión profunda con el recinto.
¿Cómo empezó su camino en el teatro?
Mi primera experiencia fue en 2001, con la obra El lector por horas. En esa ocasión estuve encargado del audio. Ahí fue donde me picó el bicho del teatro y ya no me quise ir. Poco tiempo después me ofrecieron trabajar como traspunte, y esa fue mi verdadera escuela.
¿Qué hace exactamente un traspunte?
Es como ser los ojos y oídos del director durante la función. El traspunte da las indicaciones para que todo suceda en el momento justo: luces, audio, tramoya… todo tiene su “cue” (señal) y debe salir con precisión, ya sea al escuchar una palabra clave, un movimiento del actor o una orden directa desde el libreto. Es un trabajo de mucha concentración y coordinación.
¿Cómo dio el salto a jefe de taller de tramoya?
Con los años fui aprendiendo todos los movimientos técnicos del escenario, desde lo que se ve hasta lo que nadie nota. El taller de tramoya es el corazón mecánico del teatro, y estar al frente de él implica planear, construir, mantener y hacer que todo lo que imagina el director o el escenógrafo sea posible y seguro en escena. Es un trabajo en equipo, muy físico, pero también muy creativo.
¿Qué significa el Teatro Santa Catarina?
Es mi casa. Aquí crecí profesionalmente, aquí encontré amigos, mentores y grandes historias. Me siento parte de su historia y de su presente, y me emociona seguir aportando para que cada montaje sea inolvidable para el público… aunque no me vean.
Más allá de las tablas …
Si tu vida fuera una obra de teatro, ¿cuál sería?
JL: La obra “Ocho historias de cantina” que se presentó en este teatro y nosotros le nombramos “Ocho historias de Santa Catarina” porque justo éramos 8 técnicos, había una complicidad, cada uno agarró un personaje y nos poníamos a jugar, por eso me identificó con ella.
¿Cuál fue el momento más divertido o vergonzoso que has vivido en tu quehacer teatral?
JL: Algunas veces me tocaba actuar, en una de las obras se acomodaba la escenografía y yo era el último en poner una maleta y la directora me dijo que diera la tercera llamada, aunque tenía que subir a cabina me quedaba ahí. En otra obra me llamaban por mi nombre y tenía que asomarme de la ventana donde traspunteaba y responderles, incluso me alumbraban porque yo era parte de la escena. También en algunos pies, el nombre de traspunte estuvo involucrado.
¿Cómo te gustaría ser recordado?
JL: Tengo una frase que dice: “Yo no trabajo, sino hago lo que me gusta”, porque en realidad trabajar en teatro es muy padre. Lo que hace que te recuerden es tu trabajo, si tu trabajas bien y haces las cosas bien, la gente siempre te va a recordar.
Por Itaí Cruz, Fotos: Cortesía Teatro UNAM
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