En esta trigésima segunda entrega, te presentamos a Edyta Rzewuska, escenógrafa y diseñadora de vestuario con una destacada trayectoria en México y en el ámbito internacional.

¿Quién es Edyta Rzewuska y cómo se dio su acercamiento al diseño escénico?
Edyta Rzewuska es originaria de Gdańsk, Polonia. Estudió escenografía en la École des Arts Décoratifs de París. Desde el inicio se interesó en la relación entre el espacio, el vestuario y la dramaturgia. Entendió que el diseño escénico no sólo acompaña la acción, sino que también construye significado.

¿Cómo ha sido tu desarrollo profesional en México?
Desde hace varios años trabaja en México como diseñadora de vestuario y escenógrafa. Ha colaborado en más de 150 montajes de teatro y ópera, siempre en diálogo con directoras y directores con quienes comparto una visión artística. El país se ha convertido en un espacio fértil para su trabajo y desarrollo profesional.

¿Qué relevancia han tenido estas experiencias en tu carrera?
Ha tenido la oportunidad de colaborar con compañías en Estados Unidos, Canadá, España, Francia y Polonia. En 2009 recibió la medalla de plata en Seúl por diseño de vestuario en el World Stage Design. En 2022 representó a México en la edición de Calgary, y ha participado en las últimas tres ediciones de la Prague Quadrennial. Estas experiencias han sido fundamentales para consolidar una mirada internacional sobre la escena.

¿Qué papel juega la docencia en su trabajo?
Desde hace tiempo combina la práctica profesional con la docencia. Imparte clases en la ENAT y en CENTRO, donde coordina el posgrado en Diseño Escénico. Le interesa contribuir a la formación de nuevas generaciones que comprendan el diseño como un componente central de la creación escénica.

Más allá de las tablas …

Si tu vida fuera una obra de teatro, ¿qué género sería y por qué?
ER: Road movie existencial en clave de musical experimental. Porque mi vida ha sido un recorrido lleno de desplazamientos físicos y emocionales: entre varios países, escenarios y procesos creativos. No es solo un viaje geográfico, es un constante ir y venir entre culturas, lenguajes visuales, generaciones y territorios simbólicos. Hay números musicales inesperados, no siempre cantados, pero sí profundamente rítmicos. Es una obra que se mueve, que se transforma y que siempre deja espacio para lo imprevisto.

¿Qué es lo más inesperado que has hecho para inspirarte en un personaje o una obra?
ER: Una noche de invierno, en un viaje de trabajo a Polonia, perdí la llave de mi alojamiento. No había opción: terminé durmiendo en la lavandería del edificio. Había un silloncito incómodamente perfecto entre lavadoras industriales y el olor a jabón. Me tapé con mi chamarra y, contra todo pronóstico, me dormí profundamente. Soñé con telas que daban vueltas. Con personajes que cambiaban de forma dentro de un tambor. Al despertar, el concepto de vestuario que llevaba días atorado… estaba perfectamente resuelto.

Si pudieras compartir escenario, ¿a quién elegirías?
ER: Si pudiera compartir escenario, elegiría a alguien con quien el silencio tenga peso, sentido… presencia. Alguien con quien baste una respiración, una mirada, un gesto, para llenar el espacio. Si me permito soñar en grande: compartirlo con Jon Fosse sería un regalo. Pero también me emociona estar con personas generosas, colegas que se entregan al vacío con todo, que hacen del escenario un territorio donde todo puede suceder.

¿Cuál fue el momento más divertido o vergonzoso que has vivido con tus colegas fuera del escenario?
ER: Viajando con vestuario tuve que abrir mi equipaje frente al agente de la aduana y salieron varias pelucas, telas manchadas de sangre falsa y un corsé con tachuelas. Me miraron como si acabara de bajar de una nave espacial.

¿Cómo te gustaría ser recordada?
ER: Como alguien que usó la escenografía y el vestuario no solo para que fuera bonito, sino para decir algo. Ojalá no sea por lo que hice exactamente, sino por cómo lo hice.

Por Itaí Cruz, Fotos: Cortesía Edyta Rzewuska

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