En esta vigesimoprimera entrega, te presentamos a Alicia Jara, diseñadora escénica con 17 años de experiencia creando escenografía y vestuario para danza contemporánea, teatro y comedia musical.
¿Quién es Alicia Jara?
Es una diseñadora escénica. Se formó en la Escuela Nacional de Arte Teatral y tiene una maestría en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Internacional de La Rioja. Ha explorado el arte visual y artesanal, desarrollando piezas que integran técnicas como la cartonería y el reciclaje. En ellas, lo simbólico y lo técnico se combinan para contar historias desde una estética muy personal.
¿Con quién ha trabajado?
Ha colaborado tanto con compañías independientes como con instituciones culturales reconocidas: Contradanza, Kaydara, el Taller Coreográfico de la UNAM, el colectivo Maíz Memoria y universidades como la Autónoma del Noreste, entre muchas otras.
¿Su labor llega a diferentes públicos?
Sus diseños han llegado a escenarios de todo México y a festivales en América Latina. Además, ha participado en proyectos enfocados a infancias en situación de vulnerabilidad, dentro de programas comunitarios impulsados por la CDMX.
Más allá de las tablas …
Si tu vida fuera una obra de teatro, ¿qué género sería y por qué?
AJ: Creo que he pasado por casi todos los géneros teatrales en distintas etapas de mi vida, pero actualmente siento que estoy viviendo una comedia llena de situaciones inesperadas, confusiones y giros que me llevan a un buen final.
¿Qué es lo más inesperado que has hecho para inspirarte en un personaje o una obra?
AJ: En mi proceso, lo inesperado no es tanto lo que he hecho, ya que mi punto de partida siempre es la investigación, sino que la inspiración es lo surge de forma inesperada. A menudo, las respuestas llegan cuando menos lo espero, de lugares y situaciones cotidianas, donde menos imaginaba encontrarlas.
Si pudieras compartir escenario, ¿a quién elegirías?
AJ: Me encantaría compartir el escenario con muchos profesionales a los cuales admiro, pero si tuviera que imaginar una combinación interesante, diría que sería con la directora Perla De la Rosa, el director Gregory Doran, y si pudiera regresar el tiempo con el maestro Arturo Nava.
¿Cuál fue el momento más divertido o vergonzoso que has vivido con tus colegas fuera del escenario?
AJ: En uno de mis primeros trabajos, teníamos que llevar el material de montaje al Palacio de Bellas Artes. Yo iba en un transporte que llevaba, en el toldo, una tortuga gigante de escenografía. Todo iba conforme a lo planeado hasta que cerraron Avenida Juárez.
Tuvimos que rodear todo el Centro Histórico con la tortuga encima. Pero el viento empezó a moverla y a zafarla del toldo. Una persona tuvo que sostenerla a medio cuerpo fuera del coche, agarrándola de una pata, mientras la gente, extrañada, nos miraba pasar, y otros, con total indiferencia, pasaban sus diablitos de mercancía al lado nuestro. Los policías nos desviaban, el tráfico aumentaba, cada vuelta era más absurda que la anterior, y ahí íbamos, como en un desfile surrealista.
Después de varias maniobras, llegamos con los brazos dormidos, muchas risas nerviosas y la tortuga a salvo. Cada vez que algo se complica en un montaje con ese equipo de producción, no puede faltar el chiste local: “Al menos no traemos una tortuga gigante”.
¿Cómo te gustaría ser recordado?
AJ: Como alguien que creyó profundamente en su trabajo y en el proceso de llevar cada idea “del papel a la escena”. Alguien que se comprometió al máximo, poniendo todo lo que estaba a su alcance para hacerlo realidad y mejorarlo cada día. Creo firmemente que el arte tiene el poder de abrir mentes, transformar realidades y generar oportunidades, tanto para quienes lo crean como para quienes lo observan. Vivir el arte —desde cualquier lugar— cambia la perspectiva, y por eso estoy convencida de que el arte puede, y debe, cambiar al mundo.
Por Itaí Cruz, Fotos: Cortesía Alicia Jara
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