Por Luis Santillán/ En 1997 se estrena Cómo aprendí a manejar de Paula Vogel, un año después la obra la hace ganadora del premio Pulitzer en drama. El texto tiene una estructura donde la analepsis (interrupción narrativa hacia el pasado) y la narración escénica brindan una profundidad a la línea anecdótica y estimulan la puesta en escena. La autora menciona que el texto se alimenta de la impresión que le causó Lolita de Nabokov.

El texto propone dos personajes (casi como protagonista y antagonista) y un coro de tres voces; los bloques responden a “clases” de manejo con saltos en la línea temporal, cada “instrucción” expone pasajes que permiten construir la historia entre Cosita y el tío Peck.

Cosi hace una retrospectiva para compartir momentos relevantes sobre cómo aprendió a conducir, lo que parece una trivialidad se carga emotivamente porque en el proceso que vivió las dinámicas de su tío Peck le repercuten de manera más trascendental. El contexto donde se desarrolla el personaje está cargado por costumbre y vicios familiares, por acciones donde el abuso es una forma de convivencia.

Por segunda ocasión la obra de Vogel llega a la cartelera mexicana, ahora bajo la producción de Óscar Uriel y Woo Film.

Rogel es una directora que se ha vuelto un sello de garantía, destaca por sus propuestas escénicas, sin importar el tono o tema del texto enriquece la propuesta de los autores con su trabajo, dos escenas bastan para dar prueba de ello.

El tío Peck tiene un monólogo donde comparte un momento recreativo, trata de enseñarle al primo cómo pescar; la autora coloca al personaje como la única entidad en escena, pero Rogel la escenifica dando el acento en el trabajo actoral de Luz Olvera al interpretar al primo.

Juan Carlos Remolina interpreta a Peck, en esta escena construye un momento de complicidad, instruye y logra transmitir un ambiente de confianza, cuando el primo se ve afectado por el pez que atrapó muestra un lado de comprensión.

El trabajo de Remolina es acertado y tiene un realce porque está en correspondencia con las reacciones de Olvera, el matiz de la escena se logra por el equilibrio actoral; la escena termina en una insinuación que está totalmente alimentada por lo construido y no solo por la palabra; el gran logro de Rogel está en la fuerza de la ambivalencia.

En la segunda escena que sirve de muestra la autora establece un desfase, le da al coro parlamentos que son de Cosi. Rogel trabaja con Olvera -que es parte del coro- y hace que evoque a Cosi; en distancia -para incrementar el momento- Remolina trabaja al tío en lo que sería el inicio de todos los acontecimientos.

El trabajo de Olvera es estremecedor, solo necesita de esos minutos para cargar de manera impresionante el suceso que se ve. La brutalidad de la acción demuele al público por el contraste que construyen Remolina y Olvera, pero el acento está en lo que ella crea.

Rogel construye un universo sombrío dando pinceladas de discordancia, como el inicio de escena donde los personajes comienzan a cantar (recordando una película de la época del texto), o los trazos caricaturescos de las comidas familiares, o el juego donde los adolescentes se burlas de Cosi.

Tiene escenas muy bien construidas como aquella donde la madre (interpretada por Mahalat Sánchez) instruye a su hija sobre aspectos a considerar cuando se bebe, y la resolución para ir sumando lo que Cosi bebe es lúdica, pero contrapunteada por la preocupación del mesero (interpretado por Pablo Perroni), el poder de la escena queda en el contraste entre el trabajo de Sánchez y Perroni.

Una escena que sirve como ejemplo de la claridad rítmica que construye es cuando la madre y abuela (interpretada por Olvera) están empleando cuchillos, su eficacia está en la acción que propone, en el contrapunteo entre una y otra, sus argumentos conviven con la emotividad plasmada tanto en la palabra como en la acción.

Pablo Perroni es pulcro en la creación de sus personajes, lo mismo que Sánchez; ambos muestran su gran capacidad actoral. Remolina construye un personaje que hace malabares con grotesco para evitar un juicio inmediato. Vaita Sosa alterna con Luz Olvera, en la función presenciada, Olvera es un faro actoral, sobresale aun cuando el trabajo del elenco es bueno, tiene poco momentos, pero cada uno es preciso, contundente y su última escena es todo lo que propone Rogel en su planteamiento.

Cassandra Ciangherotti crea a Cosi, un personaje que transita por distintas etapas de vida y acontecimientos que van marcando su forma de relacionarse con el mundo. Esto requiere una creación emotiva que se ancle en los sucesos que vive el personaje, de los cuales seguramente en el transcurso de la temporada – por la naturaleza de la historia – se irá apropiando cada vez más la actriz. La complejidad de un personaje como Cosi radica, además de lo actoral, en que la lectura que el público realiza está marcada por sus propias reacciones ante la historia que se le está narrando.

Cómo aprendía a manejar es una propuesta que invita a la reflexión, a mirar los acontecimientos desde distintos ángulos, no para justificarlos, sino para poder entenderlos desde su complejidad, y los contrastes con los cuales construye Rogel la escena fomentan que la experiencia este lejos de lo blanco y negro.

La obra se presenta de viernes a domingo, hasta el 18 de agosto, en el Foro Lucerna del Teatro Milán, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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