Por Roberto Sosa/ Habitando el mismo cuerpo. Ahí estuvo devorándola, degradando su salud y estado de ánimo; ella lo aceptó como se acepta lo ineludible. En un cuadernito anotó sus vivencias con el cangrejo, con humor y sufrimiento, con el deseo de no tenerlo más. Las agresivas terapias no dieron tregua, había que soportar todo. El hospital fue el recinto donde se gesta esta historia de dolor, esperanzadora y con gran sentido del humor.

En el zodíaco, Cáncer lo representa un cangrejo, es el cuarto y es regido por la Luna. Gigi Arriola no es Cáncer, pero lo padeció. “Tuve un cólico muy fuerte, me alarmó muchísimo; vomité en un lapso de 15-20 minutos, me sentí muy mal. Fui con la ginecóloga y me hizo un ultrasonido, me canalizó con otra doctora especialista, vi la reacción de esta Dra., ya te imaginarás“. Su relato lo inicia narrando dentro de una botarga de cangrejo.

El biodrama lo trabajan de manera conjunta Andrómeda Mejía y Gigi Arriola. “Cuando vivía el tratamiento escribía un poco, algunas situaciones chistosas que me pasaban durante la quimio o con otros pacientes. Andrómeda se dedicó a la dramaturgia, a darle estructura, agregar escenas. Así fue que trabajamos el proyecto”. La protagonista toma el escenario para representar su propia historia. El cangrejo la acompaña en la escena.

La dirección de Andrómeda Mejía es sensible con el drama que el cáncer provocó en la actriz, su propuesta es transitar al personaje entre la tragedia y comedia, como fue concebido el texto. Su labor como dramaturgista lo refleja sobre la escena, al crear una obra donde el relato se mete en el espectador, lo sacude y después lo hace reír; tomada de la mano con la protagonista logra un buen resultado.

La actuación de Gigi Arriola es al inicio dentro de una botarga, se ríe del cangrejo; después se sale de ella para representar el drama. Significar esta etapa de su vida, de la forma en que lo hace y con los elementos que utiliza es asombroso. Superó el cáncer, esto le otorga otra perspectiva; vive para contarlo y compartirlo, con la mirada hacia el futuro. “Sí pensé que iba morir, la doctora – ellas suelen ser muy objetivas, prácticas y frías- me dijo que según la clasificación de cáncer yo estaba en el último estadio, casi en etapa terminal”.

Cangrejo y yo es teatro autobiográfico, un relato verídico que nos pone en contexto con una enfermedad que en otros tiempos padecerla era sinónimo de muerte. El texto recopila momentos intensos, complicados y otros sensiblemente evocados. “Recuerdo sensaciones, le decía: por favor ya vete, por favor no me lastimes tanto. Y tenía momento muy bellos, muy contrastantes; con mucho dolor tuve semanas de insomnio, así que veía los amaneceres, era… (se quiebra su voz), era bellísimo entender los contrastes, la belleza que hay en la vida”.

El unipersonal es complicado per se y si es partir de una experiencia personal lo es más. Redimensionar el suceso desde el escenario fue un gran desafío que ambas creadoras solventan de buena forma. Hay historias que desde la ficción nos subvierten, acá la realidad rebasa la imaginación para conectar desde la comedia lo que significa vivir y padecer esta enfermedad. Reír para no llorar será siempre una magnífica opción.

Como te lo comenté, el cáncer para mí fue un gran maestro y sigo aprendiendo…tanto y que mejor que tenga un lugar para agradecerle (su voz nuevamente se quiebra) y que tenga su espacio. Pienso, ¡cuánto odio hay alrededor de ésta enfermedad…! no es que se enaltezca, tiene una contraparte hermosa, como no se habla de ese tema muchos no lo conocemos”. Gigi Arriola.

Diseño sonoro y música en vivo, Luis Miguel Moreno; escenografía e iluminación, Edgar Mora; diseño de visuales, Belén Valenzuela; vestuario y utilería Azucena Galicia. Producción Los tres pies del gato.

La obra se presenta lunes y martes, hasta el 16 de julio, en el Foro Alternativo del Centro Cultural Helénico, consulta horarios y precios, aquí.

Fotos: Roberto Sosa

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