Por Kerim Martínez/ El teatro musical suele pensarse como un espectáculo para mirar a la distancia, con luces, coreografías y voces impecables que separan al público del escenario. Pero Óscar Carapia, autor y director de Broadway a la carta, rompe esa frontera y propone algo distinto: un show híbrido que se mueve entre concierto, karaoke, parodia y juego interactivo. El resultado es una velada que se siente más como una fiesta compartida que como una función convencional.

La mayor virtud de este espectáculo es su tono lúdico. No busca ser un homenaje solemne a Broadway, sino una experiencia ligera y cercana que conecta con quienes aman los musicales y, al mismo tiempo, abre la puerta a quienes apenas se asoman al género. El espectador no asiste a “ver” un show: participa en él, se expone al azar del repertorio, al humor de los intérpretes y a la complicidad colectiva que se construye entre mesas, copas y canciones.

Este espectáculo (producido por CRN Entertainment, Oscar Carapia, Nacho Carral y Ricky Berdichevsky) se presenta los martes en el Foro Stelaris del Fiesta Americana Reforma, y desde el momento en que el público entra al recinto, la experiencia comienza. En el escenario se proyecta un código QR que los asistentes pueden escanear desde sus asientos para integrarse al juego: a través de él participan en trivias interactivas que ponen a prueba sus conocimientos sobre teatro musical y los enfrentan en una divertida competencia en tiempo real. Al final de la noche, ese mismo medio digital les permite elegir una canción de musical para interpretarla frente a todos, convirtiéndose por unos minutos en las auténticas estrellas del show.

Y así da inicio este ingenioso “numerito”: cinco talentosos intérpretes —Luigi Vidal, Jimena Parés, Humberto Mont, Regina Lozano y Sofía Peleteiro— aparecen en escena con una presencia impecable, vestidos con elegancia y enmarcados por pantallas LED que realzan la vitalidad del espectáculo. Todo esto, potenciado por la dirección musical y la impecable ejecución al piano de David Federico Suzawa, cuya sensibilidad interpretativa y dominio técnico logran dar cohesión y profundidad a cada número.

El elenco divide al público en dos equipos —“Broad” y “Way”— que competirán entre sí a lo largo de la velada, añadiendo un toque festivo que involucra a todos desde el inicio. Entre dinámica y dinámica, el espectador es testigo de la calidad escénica y vocal del grupo: Jimena Parés sorprende en cada número con una voz potente y matices interpretativos que delatan su experiencia en el teatro musical, mientras que Luigi Vidal conquista con su simpatía y carisma, estableciendo una conexión inmediata con la audiencia. Con naturalidad y humor, todos rompen la cuarta pared, invitando a los asistentes a convertirse en parte activa del espectáculo y no solo en simples espectadores.

Uno de los mayores aciertos de Broadway a la carta es el ingenioso giro que da a los clásicos: muchas letras de canciones emblemáticas fueron adaptadas en clave de parodia, convirtiéndose en un espejo de la realidad del oficio teatral. Así, entre número y número, los intérpretes no solo hacen reír, sino que también invitan a la reflexión: ¿se trabaja por el aplauso, por el reconocimiento o por el sueldo?, ¿qué significa vivir esperando una oportunidad en un medio tan competido?, ¿por qué los productores insisten en revivir una y otra vez los mismos títulos de siempre? A través de estas versiones, se resalta que el verdadero éxito es siempre colectivo, que la disciplina y el compromiso se forjan en las tablas, y que solo quien ama profundamente esta profesión puede sostenerse en ella, aun con todas sus dificultades.

Uno de los grandes momentos llega cuando los intérpretes se atreven a cantar temas que nunca les serían asignados en un musical tradicional: piezas pensadas para personajes completamente opuestos a ellos, ya sea por género, edad o tipo de rol. De esta manera, las reglas del reparto se disuelven y los artistas se permiten jugar con su propio imaginario, explorando nuevas posibilidades interpretativas. El resultado son versiones inéditas, sorprendentes y llenas de humor, que el público recibe con entusiasmo por su frescura y por el gozo evidente que los intérpretes transmiten al liberarse de cualquier etiqueta escénica.

Además, Broadway a la carta se reinventa cada noche. Ninguna función es igual a la anterior, ya que las dinámicas cambian y constantemente se integran invitados especiales que aportan su propio brillo al show. Artistas como Aitza Terán (Waitress), Mariana Dávila (Anastasia) o Pierre Louis (El Rey León) ya han pasado por el escenario, sumándose a cantar en un tono más improvisado, cercano y juguetón que en sus montajes habituales. Esa espontaneidad, unida al talento de todos los participantes, mantiene viva la sensación de estar presenciando algo irrepetible y genuino.

¿Funciona? Sí, y justamente porque entiende que el público de hoy busca experiencias que rompan con la solemnidad. Broadway a la carta no es el espectáculo para quienes esperan una réplica exacta de Broadway, sino para quienes desean jugar con Broadway, apropiárselo, reírse de él y, por qué no, subirse a cantar a su lado. En tiempos en que los martes suelen pasar inadvertidos, este show los convierte en una cita imprescindible para vivir una noche irrepetible.

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Fotos: Kerim Martínez