Una puesta en escena que toma la historia de Áyax, el héroe griego que se obsesionó por el honor, y la pone frente a la realidad mexicana de hoy. No es un mito recontado, es un espejo incómodo que nos hace pensar en lo que pasa con los soldados y la violencia en nuestro país.
En Áyax: cuando un soldado dispara, el Colectivo desde los huesos cruza la tragedia del guerrero griego con dos historias actuales. No se mezclan, pero se acompañan. El resultado: un retrato de cómo la obediencia absoluta y la deshumanización se reflejan en la vida de quienes cargan con las armas hoy.
La obra se mete de lleno en la militarización de México, la obediencia ciega y el costo humano de la guerra. También habla de masculinidades tóxicas, violencia y silencio cómplice, trazando un paralelo entre el mito clásico y la realidad que vivimos.
La escenografía y el movimiento constante del elenco te hacen sentir que la violencia está aquí mismo, cerquita, y que no puedes mirar para otro lado. Es una obra que te deja pensando.
El escenario es una pasarela con un telón rojo enorme. Ese espacio físico y emocional obliga a los actores a moverse sin parar, transmitiendo tensión y desgaste. Es como si el público estuviera dentro del mismo campo de batalla, no solo mirando desde la butaca.
Áyax: cuando un soldado dispara es un montaje que te pregunta de frente: ¿qué significa el honor en tiempos de guerra y violencia?
















