Por Mariana Mijares/ Hay un dicho que suele repetirse sobre las parejas: los polos opuestos se atraen. Bien podría aplicarse también a las amistades, como la de Felipe y Abel, quienes provienen de contextos completamente diferentes: uno enfrenta una desventaja física tras un accidente; el otro, una desventaja socioeconómica, pero ambos terminan complementándose.

Esta es la premisa de la película francesa The Intouchables (conocida en español como Amigos intocables) que se ganó al público y a la taquilla en 2011. Basada en una historia real, la cinta vendió más de dos millones de boletos en su primera semana en Francia, con filas que le daban la vuelta a la cuadra en los cines y espectadores que reservaban sus entradas con anticipación. Se convirtió en un fenómeno cultural y en una de las películas de habla no inglesa más taquilleras de la historia, recaudando más de 426 millones de dólares a nivel mundial. Además de su éxito comercial, recibió el Premio César al Mejor Actor para Omar Sy (siendo el primer actor negro en ganar este premio) y nominaciones a los premios BAFTA, Critics Choice Awards y Globos de Oro.

El filme encontró una nueva manera de hablar sobre la discapacidad al enfocarse en Philippe (François Cluzet), un hombre acaudalado ahora confinado a una silla de ruedas tras un accidente de parapente, y Driss (Omar Sy), un hombre desfachatado y desempleado de origen senegalés que sale bajo libertad condicional tras un robo y que solicita el trabajo de cuidador únicamente para que lo rechacen y poder así seguir cobrando el seguro de desempleo. En lugar de apostar por el melodrama, la propuesta eligió el humor, la irreverencia y una relación construida desde la igualdad.

La misma premisa se repitió en 2017 como The Upside, protagonizada por Bryan Cranston y Kevin Hart, y luego, en abril de 2019, con una primera adaptación en España, estrenándose inicialmente en el Teatro Góngora de Córdoba antes de llegar al Teatro Reina Victoria de Madrid. Siguiendo esta exitosa estela, la historia continúa expandiendo su legado, ahora en México.

Para esta versión mexicana, el productor Morris Gilbert encargó atinadamente la dirección y adaptación a Angélica Rogel, directora conocida por supuesto por la ImproLucha, pero también por montajes memorables como Cómo aprendí a manejar, Desde Cero, El padre, Hamlet y Jauría, y recientemente, Rey Lear.

Para el elenco, se eligió a Tony Dalton como Felipe y, como Abel, a Manuel Cruz Vivas, actor a quien seguimos recordando por su memorable trabajo en Tebas Land y obras como Guía de Turistas y En primera persona. Como Abel, el actor construye un personaje lleno de matices: un joven que estuvo en prisión y busca salir adelante; alguien que nunca trata a Felipe como un desvalido, sino como su igual, y alguien que no tiene miedo de decir exactamente lo que piensa, sin filtros. El papel también es alternado por Sebastián Dante.

Ese contrapunto funciona además gracias al trabajo de Tony Dalton, quien evita convertir a Felipe en un personaje solemne o digno de lástima; por el contrario, encuentra el equilibrio entre la vulnerabilidad, el sarcasmo y una reciprocidad que hace creíble la química entre ambos protagonistas.

Precisamente esa química sostiene algunos de los momentos más memorables de la obra. La espontaneidad y personalidad de Abel; capaz de coquetear desfachatadamente con la asistente de Felipe, de darle a fumar marihuana o de pedirle, casi por reflejo, que tome un objeto con la mano olvidando por completo su discapacidad, son responsables de momentos muy divertidos. Pero detrás de las carcajadas hay algo más profundo: un personaje cuya autenticidad termina convirtiéndose en el motor emocional de una obra que sigue superando el paso del tiempo.

Como personajes secundarios, Daniela Luján da vida a la asistente de Felipe, además de interpretar a su hija adolescente en otra escena; Mónica Dionne interpreta a una enfermera, a una coleccionista de arte o al interés amoroso de Felipe, y Daniel Bretón da vida al novio adolescente de la hija, a un rico comprador de arte y más. En el elenco también está María Thisle como cover de Luján y Dionne.

Pero si bien estos personajes ayudan a construir la historia, el corazón está realmente en la amistad entre los protagonistas, una dinámica que, por un lado, nos recuerda que las personas con discapacidad deben ser tratadas primero como seres humanos sin mostrarles lástima. Por otro, muestra cómo dos personas aparentemente incompatibles pueden transformar la vida del otro. Mientras Abel encuentra disciplina, propósito y una oportunidad de salir adelante, Felipe recupera algo difícil de conseguir: el apetito por la vida y la capacidad de volver a disfrutar el presente.

Quizá por eso es difícil resistirse al encanto de estos dos personajes. Más allá de las risas que provocan, Amigos intocables conecta porque recuerda el poder de la empatía, y que todos, en alguna medida, tenemos la capacidad de transformar la de otro.

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Fotos: Cortesía Mejor Teatro