A un paso es un musical que funciona como un espejo de lo que muchos hemos vivido: dudas, amistad, risas y esa urgencia de encontrar nuestro propio camino. Sam está por sacar su licencia de conducir, elegir una universidad y decidir qué hacer con su vida… pero siente que no puede tomar ninguna decisión. Entre la presión de una mamá que cree saber qué es lo mejor para ella y el espíritu libre de su mejor amiga, Kelly, intenta escapar de todo lo que la asfixia. Lo que empieza como un viaje lleno de canciones y carcajadas pronto se transforma en una historia sobre la pérdida. Sam tendrá que enfrentar el vacío que deja la ausencia de Kelly y descubrir que crecer también implica aprender a vivir con aquello que no podemos cambiar.

Las voces de las actrices son brutales, llenan el espacio sin necesidad de orquesta. Las canciones buscan conectar con momentos que todos hemos vivido: la primera vez, la amistad eterna, la rebeldía contra los papás.

Para los jóvenes, es un retrato directo de sus ganas de ser libres. Para los adultos, un flashback a esos pudores, vergüenzas y lealtades ciegas que marcaron nuestra adolescencia.

El discurso es claro: vivir intensamente, aunque duela. La obra habla de identidad, libertad y del duelo; de cómo una ausencia puede cambiar para siempre la forma en que miramos la vida y dar el primer paso hacia la adultez.

La historia se cuenta en distintos momentos: ellas en el carro, las fiestas, la intimidad en el cuarto del novio de Sam, las pláticas en casa con mamá. Sí, todo pasa en Estados Unidos y se cuelan varios anglicismos, pero las emociones de Sam y Kelly son tan universales que cualquiera se conecta.

A un paso nos lleva de la risa a la nostalgia, de la rebeldía a la reflexión, en una historia que vibra con la energía de quienes apenas comienzan a descubrir la vida.

 

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