Hay historias que parecen pequeñas, casi sencillas: Dos personas. Una banca. Recuerdos que se cuentan como quien abre un álbum viejo en la sobremesa. Sin embargo, lo que ocurre en Wenses y Lala es todo menos pequeño.
Escrita y dirigida por Adrián Vázquez, esta obra se ha convertido, a lo largo de los años, en una de las historias de amor más queridas por el público mexicano. Situada en el norte del país, la pieza nos presenta a dos almas que crecieron juntas, que aprendieron a amarse entre juegos de infancia, discusiones inevitables, violencia externa y decisiones que marcan para siempre. Una vida compartida que no se idealiza, pero que se defiende con ternura.
Hoy, con las actuaciones de Sofía Sylwin y el propio Vázquez en el Teatro Royal Pedregal, la historia vuelve a respirar con nuevos matices sin perder su esencia: esa capacidad de hacernos transitar de la risa franca al silencio más profundo en cuestión de segundos.
1.El arte de conmover sin exagerar. Una de las mayores virtudes del montaje es su manejo emocional. La obra transita con naturalidad entre la comedia y el melodrama, sin caer en exageraciones. Un recuerdo gracioso puede transformarse en una confesión devastadora; una anécdota absurda puede revelar una herida profunda. El texto tiene varios niveles de lectura: es una historia de amor, sí, pero también es una reflexión sobre el destino, la violencia, las decisiones y la memoria. Esa combinación permite que cada espectador encuentre algo propio en escena. Y en medio de ambos extremos, el público se reconoce.
2. La potencia de la sencillez escénica. Con sólo una banca de madera, la fuerza de dos actores y una iluminación precisa, la obra apuesta por la sencillez, pero es ahí donde radica su fuerza. La dirección permite que el texto y el trabajo actoral sean el centro absoluto. Los pequeños gestos, las miradas casi imperceptibles, los silencios compartidos construyen un universo entero. Sofía Sylwin encarna a una Lala luminosa, vivaz y entrañable; mientras que, Adrián Vázquez compone a Wenses desde la contención y la profundidad. La química entre ambos sostiene la historia sin necesidad de grandes escenografías ni efectos.
3. El amor imperfecto y verdadero. “Una vida juntos se dice fácil”, pero Wenses y Lala demuestran que compartir la vida implica atravesar todo: discusiones, pérdidas, accidentes, momentos absurdos, violencia externa y recuerdos que se vuelven sagrados. El amor que presenta la obra no es idealizado. Está lleno de imperfecciones, contradicciones y pequeñas batallas cotidianas, y precisamente por eso resulta tan cercano. Además, la historia se atreve a ir más allá de lo terrenal, al plantear que hay vínculos que no se rompen con la muerte, que la memoria puede convertirse en eternidad y que amar también significa permanecer.
Wenses y Lala es de esas obras que no idealizan el amor, lo muestran vivo, vulnerable y profundamente real, para más información, da clic aquí.
Por Itaí Cruz, Fotos: María José Alos














