Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo es teatro documental que habla de las desapariciones forzadas y la impunidad durante la Guerra Sucia de los años 60-80 del siglo XX en México. En dos años se cumplirá el cincuentenario de la desaparición de Alicia de los Ríos Merino, con nombre de batalla Susan, integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Alicia de los Ríos Merino, hija de la activista e insurgente, ha dedicado buena parte de su vida a investigar y documentar la desaparición de su madre, buscando encontrar la verdad, la justicia y mantener su memoria.

A través de fotografías, objetos, documentos, entrevistas y videos, la historiadora y abogada nos narra la militancia y desaparición de su madre. También comparte el viaje que la investigación de estos hechos ha supuesto. Como parte de esta narrativa también toca la fuga de la cárcel y muerte, a manos de la oscuramente célebre Dirección Federal de Seguridad, de su padre: Enrique Pérez Mora, El Tenebras, quien era parte de la dirigencia de la liga.

En este rompecabezas, son piezas fundamentales tres Alicias – la abuela, la madre desaparecida, y la hija que busca la verdad-; son tres figuras que su presencia y su ausencia marcaron la vida de la otra. La violenta desaparición de Alicia tocó además otras vidas –como nos dice su hija en algún punto de la obra-, un acto de violencia realizado desde la autoridad atraveso la vida de personas que no se conocían.

Este montaje, de la compañía Teatro Línea de Sombra, es resultado de una profunda investigación por parte de Alicia de los Ríos, Marcela Turati y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. El concepto y la creación corren a cargo de Jorge A. Vargas, Eduardo Bernal, Luis Mario Moncada y Alicia Laguna. En escena están Shantal Saad y Alicia de los Ríos Merino, acompañadas por un invitado distinto en cada función.

Aquí te damos tres razones para ver Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo.

1. Estamos ante un testimonio profundamente humano acerca de las huellas que deja la violencia – venga de donde venga– y las ausencias que esta deja a su paso. El trabajo colectivo en esta obra permite la creación de una línea temporal sobre un periodo particularmente oscuro en México y Latinoamérica. La búsqueda personal sobre el pasado y el presente alcanza a lo colectivo, es una lucha por no permitir que se pierda la memoria.

2. El uso de proyectores, videos, fotografía, audio y objetos son en este montaje una poderosa herramienta que funciona como parte integral de la línea narrativa. El uso de estos recursos permite crear de manera efectiva una especie de mapa visual y sonoro sobre las desapariciones forzadas y el periodo de la Guerra Sucia.

3. Un texto que nos recuerda que el teatro es capaz de devolvernos el reflejo de una sociedad, volviéndose vehículo de memoria y de transformación. Además, cuando desde lo documental busca indagar en procesos complejos para una sociedad, también tiene la capacidad de sanar heridas, pues como señala Alicia de los Ríos Merino: “la verdad cura”.

 

La importancia de la memoria

La Guerra Sucia en México, al igual que en otros países latinoamericanos, fue un periodo sombrío. En el marco de esta política de Estado, se dieron desapariciones forzadas, ante las cuales la impunidad se mantiene – en la mayoría de los casos– hasta el día de hoy.

Entre los últimos años de los años 60 hasta la mitad de los años 80 del siglo XX, el Estado mexicano adoptó una política represiva ante las exigencias políticas y sociales de distintos grupos. La actuación del Estado llevó a graves violaciones de los derechos humanos, entre ellas ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas.

Según datos de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México, el número de personas desaparecidas en la Guerra Sucia llega a mil 200. La mayoría de estos casos fueron perpetrados por la Brigada Especial de la Dirección Federal de Seguridad, conocida como la Brigada Blanca.

En este contexto se dieron los infames “vuelos de la muerte”, en los cuales el Ejército Mexicano y la Dirección Federal de Seguridad lanzaban al mar, desde aviones Arava, los cuerpos de víctimas de desaparición forzada. Según investigaciones de Marcela Turati, se presume que hubo 183 víctimas de estos vuelos tan solo entre 1972 y 1974.

Por esto, obras como Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo son relevantes y pertinentes. En un México que vive hoy la desaparición de personas por la acción de la delincuencia organizada y la omisión de las autoridades, no podemos dejar que la memoria de las desapariciones forzadas se hunda en el olvido. Es un montaje que nos permite entender la desaparición forzada como una deuda histórica, que todavía hoy sigue creciendo. A través de la sombra de quienes en la década de los setenta lucharon desde la clandestinidad y adoptaro la vía armada, podemos entender este periodo. La narrativa oficial buscó en su momento retratar a estos jóvenes como radicales que buscaban la destrucción del país; Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, por el contrario, nos muestra un retrato de estos jóvenes que les da una dimensión humana y nos habla de que su lucha, que fue en contra de la represión, la simulación y la falta de espacios.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.