El acoso callejero sigue siendo una de las violencias más normalizadas contra las mujeres. Comentarios disfrazados de “halagos”, miradas invasivas, persecuciones o tocamientos forman parte de experiencias que muchas vivimos desde niñas y que, con frecuencia, quedan impunes.

La obra de teatro S.A.B.R.O.S.A. (Sistema de Autodefensa Bio-Robótica para Ocasiones Sexuales Agresivas) toma esa realidad como punto de partida para hacer una pregunta tan incómoda como necesaria: ¿qué pasa cuando la justicia no alcanza?

Lejos de construir un drama solemne, la dramaturga y directora Mariana Hartasánchez en conjunto con la interpretación de Susi Estrada, la obra apuesta por una comedia negra donde la sátira y la interacción con la audiencia se convierten en herramientas de reflexión. El resultado es una experiencia escénica dinámica y provocadora, que consigue mantener al espectador entre la risa, la incomodidad y la reflexión.

1. Adiós a la cuarta pared:El público como juez y jurado. Desde que el personaje de Doriana Moñonga entra por el mismo pasillo que recorre el público, la cuarta desaparece. La distancia con la audiencia se rompe para convertir cada función en un juicio en vivo: con paleta verde y roja en mano, el público debe decidir en tiempo real, si los acusados merecen el perdón o un castigo ejemplar. Esta dinámica se vuelve una experiencia inmersiva donde cada votación se vive como un divertido dilema moral.

2. Una actuación que baila, canta y te atrapa. En este unipersonal, Susi Estrada carga con todo el peso de la función, demostrando una capacidad feroz. Actúa, canta, baila, cambia de personajes y dialoga continuamente con el público sin perder el ritmo. Su carisma también es clave para que el humor funcione, transita con naturalidad de la ironía a la denuncia, generando un ambiente donde la risa nunca eclipsa la gravedad de las historias que se cuentan.

3. Cuando el humor dice verdades incómodas. Abordar la violencia de género desde el escenario no es sencillo, y S.A.B.R.O.S.A. encuentra una forma poco convencional de hacerlo. La dirección de Mariana Hartasánchez mezcla cabaret contemporáneo, teatro físico, danza folclórica, música y sátira para construir un espectáculo visualmente atractivo. El vestuario amarillo brillante contrasta de manera intencionada con la sobriedad del espacio escénico y con la dureza de la temática. En lugar de recrear la violencia de forma explícita, la dirección la confronta desde el absurdo y la exageración. Esa decisión permite que el humor abra la puerta a conversaciones difíciles, sin perder un ápice de contundencia.

Este montaje nos demuestra que el teatro también puede ser un espacio para cuestionar aquello que la sociedad ha aprendido a tolerar, invitando al público a reír, debatir y, sobre todo, preguntarse qué significa realmente hacer justicia cuando la violencia sigue formando parte de la vida cotidiana, para más información de la obra, da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Foto: María Gallardo