¿Te gustaría saber qué sucede tras bastidores en una obra de teatro? Qué desastre de función convierte esa curiosidad en una aventura hilarante.
Bajo la dirección de Cristian Magaloni, esta comedia británica de enredos —escrita por Michael Frayn— muestra a un grupo de actores que intenta montar una obra, mientras todo, absolutamente todo, sale mal, con un elenco de primera y una escenografía que gira 360°, el público puede ver el doble espectáculo: lo que ocurre frente al público y lo que pasa detrás del telón.
Aquí te decimos porqué vale la pena ver esta locura perfectamente orquestada que hará que rías incluso cuando ya no sepas por qué:
1.Una invitación a mirar más allá de las tablas. Este montaje pertenece a ese delicioso tipo de comedias donde el público puede mirar lo que casi nunca se muestra: los tropiezos, olvidos, enredos y accidentes que acompañan el montaje de una obra. Es un espectáculo ideal para compartir en familia, porque combina humor físico, equívocos vertiginosos y situaciones tan absurdas que resultan irresistibles. Su mayor virtud es revelar lo que ocurre entre bastidores: los nervios, los secretos y los intentos desesperados de mantener la función a flote cuando todo amenaza con venirse abajo. Una invitación a reírnos juntos del caos, sin sentir culpa.
2. Un elenco que domina el desorden. En esta comedia coral, el talento del elenco es la clave. Pedro de Tavira, Ximena Romo, Anahí Allué, Mario Alberto Monroy, Pamela Almanza, Roberto Duarte, Mariana Gajá, Marco Antonio García y Fer Córdova encarnan a una compañía teatral al borde del colapso y lo hacen con un control absoluto del descontrol. Cada uno imprime su propio ritmo y color a esta orquesta del caos, donde la química entre ellos se vuelve palpable. Verlos fracasar (ficticiamente) en escena con tanta precisión y entrega es uno de los mayores placeres del montaje: puro virtuosismo disfrazado de desastre.
3. Una trampa cómica perfecta. La casa que vemos en escena no es solo un espacio: es un mecanismo dramático que se despliega como una trampa cómica perfecta. Escaleras por todos lados, puertas, balcones estratégicos y objetos “inocentes” que desencadenan los peores desastres. Todo está configurado para que el elenco navegue o naufrague, entre niveles, obstáculos y un sinfín de detalles que se tornan caóticos. La estética de vivienda inglesa clásica subraya aún más el contraste entre la seriedad del montaje y el absurdo que estalla en cada rincón. Es un escenario que respira, colabora y sabotea a todos a su alrededor, convirtiendo cada función en una experiencia visual inigualable.
Todo en conjunto la hace una gran opción para armar el plan en familia, donde el humor se desencadena de formas inesperadas y la precisión técnica se vuelve parte del chiste, para más información de la obra, da clic aquí.
Por Itaí Cruz, Foto: Cortesía Producción



















Es una pena que engañen al público diciendo que es una obra divertida, el día de hoy fui a la función de las 5pm y nos salimos en el intermedio. La obra está pésima, las actuaciones exageradas y las condiciones del teatro son deplorables- los asientos rotos, un calor insoportable.
No recomiendo esta obra. El costo del boleto es carísimo para la calidad de la obra y las condiciones del teatro. No mal gasten su dinero.