Prisma, con dramaturgia de Signe Ebbesen y bajo la codirección de Elisabetha Gruener y Clemente Vega, es un montaje difícil de describir, pero refrescante y disfrutable. Con un elenco integrado por Analucía Santibáñez, Fabiola Villalpando, Luisa Guzmán Quintero y Sharon Ayón, lanza una mirada hacia las nuevas generaciones desde un enfoque femenino.
Como un prisma (las cuatro personajes se llaman: Carmina, Lila, Azul y Jade) que descompone la luz en colores, o como un prisma geométrico, que muestra varias caras de una misma figura, esta obra nos muestra problemáticas, angustias, temores, aspiraciones y distintas perspectivas de vivirlas de cuatro roommates que pertenecen a la generación Z.
Una carta anónima que dice “te amo” y un ritual desatan una serie de sucesos y revelan sentimientos que se mantenían ocultos. Pero no, la narración no es tan compleja como suena y es profundamente divertida. Es una reflexión, cargada de humor ácido, sobre el amor (y las ideas que nos formamos sobre él), la envidia, la admiración y la libertad, en una sociedad que está atravesada todavía por resabios del machismo.
Aquí te damos tres razones para ver Prisma.
1. Movimiento corporal, intensidad y sincronía. Las actrices recorren incesantemente el escenario, bailan y realizan movimientos que mantienen la atención y que aportan a la narrativa el universo y el tránsito emocional de las protagonistas de esta historia.
2. Un elenco compacto, energético, con complicidad y en sintonía. Analucía Santibáñez, Fabiola Villalpando, Luisa Guzmán Quintero y Sharon Ayón, desde cada uno de sus personajes, logran transmitir la cercanía, los desencuentros y las diferencias entre ellas, mostrando una cara distinta de una misma generación.
3. Dirección compartida que se complementa y construye una propuesta sólida. Elisabetha, enfocada principalmente en la dirección actoral, y Clemente, en el movimiento escénico, crean una propuesta intensa y divertida, que lanza temas de reflexión y que se mantiene tocando el absurdo, sin sobrepasar el límite.
En este montaje, además, es destacable el uso de pocos elementos de manera efectiva, y la música electrónica compuesta específicamente para el montaje. Además, un guajolote, llamado Cortés (confeccionado por Giuliana Vega), se vuelve un personaje memorable. La traducción y adaptación, realizada por la misma Elisabetha Gruener, es otro acierto en este montaje.
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Por Óscar Ramírez Maldonado.
















