Personas, lugares y cosas, escrita por Duncan Macmillan (Puras cosas maravillosas, Pulmones), es una obra que sin moralejas ni sermones nos habla de un tema complejo como los trastornos por consumo de sustancias.

La historia narra el camino hacia la recuperación de una joven actriz. Desde su colapso en escena, debido a sus consumo de sustancias, vemos a la protagonista en su camino a través de su tratamiento en una clínica de desintoxicación. A lo largo del montaje somos testigos del doloroso y complicado proceso de rehabilitación que atraviesa la protagonista.

El autor nos cuenta esta historia utilizando distintos tonos que pasan por la crudeza, la emotividad y pasajes llenos de humor negro. Estos contrastes logran un texto potente y divertido.

Este montaje tiene el sello de su autor, quien en sus obras habla de temas que tocan nuestra realidad de manera honesta y con una visión contemporánea. La dirección de Paula Zelaya Cervantes también plasma su toque en este montaje, dándole al público una propuesta ágil y conmovedora.

Aquí te decimos tres razones por las cuales ver Personas, lugares y cosas.

1. Una historia que nos habla de un tema complejo desde la empatía, sin solemnidad pero con respeto. El texto de la obra no juzga ni busca simplificar el tema del abuso en el consumo de sustancias. Nos plantea preguntas que nos tocan, tanto si hemos tenido una experiencia similar o alguna persona cercana la ha tenido, o si el tema nos es más lejano. El autor nos habla de cómo es que, como personas, gestionamos el placer o el dolor, pero sobre todo, sobre el deseo de vivir.

2. El personaje central de esta obra vive un intenso viaje físico y emocional. El elenco logra compartirnos esta travesía y hablarnos de la importancia de escuchar, compartir y, sobre todo, de la trascendencia en nuestras vidas de lo colectivo. El elenco mantiene un gran nivel, destacando el trabajo de Lisa Owen, Ana González Bello, Alejandro Morales y Luis Eduardo Yee, quienes llevan el mayor peso de la historia.

3. Se trata de una narración compuesta por escenas fragmentarias. Este es un recurso que logra capturar al espectador. Funciona tanto como herramienta narrativa como un retrato emocional de la protagonista, una metáfora de cómo ella busca reconectar todos estos fragmentos.

Personas, lugares y cosas es una obra que vale la pena ver por el texto, el elenco y el diseño de iluminación y del espacio escenográfico. Es de esas obras que se disfrutan y al mismo tiempo impactan y transforman.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.