Pequeñas certezas es un texto que obtuvo, en 2004, el Premio Internacional para Autoras Dramáticas en Madrid. En el 2006 se estrenó con una lectura dramatizada en el Jerwood Theatre Upstairs del Royal Court Theatre en Londres.

Bárbara Colio es la autora de esta obra que acaba de iniciar temporada en el Foro Lucerna del Teatro Milán. Bajo la dirección de Mauricio García Lozano, con las actuaciones de Mahalat Sánchez, Assira Abbate, Rodrigo Virago, Samantha Coronel y Epy Vélez, el montaje regresa a los escenarios de la Ciudad de México.

En nuestro país, se presentó por primera vez en el año 2007 en la Sala Xavier Villaurrutia, con un elenco integrado por Angelina Peláez, Cecilia Suárez, Pilar Padilla, Gabriela Pérez Negrete, Amanda Farah, Mauricio Romero y Roberto Campos Piña, bajo la dirección de Claudia Ríos. El montaje tuvo una segunda temporada en el Teatro Helénico en el 2008.

Aquí te decimos tres razones para ver este nuevo montaje de Pequeñas certezas:

1. Seres rotos y desamparados que encuentran refugio en la empatía. Se trata de seres que necesitan de las pequeñas certezas, como dice el título, para sobrevivir. El encuentro entre estos seres los ayudará, a través de la empatía, el amor y la solidaridad, a que cada uno encuentre esas certezas y recomponga su camino.

2. Un divertimento que lanza temas para la reflexión. Con un humor negro muy particular, este montaje se mueve entre la tragedia y la comedia. Juega con sus personajes para balancear estos extremos y se apoya en sus intérpretes para lograrlo.

3. Una estructura con toques de suspenso. Durante el desarrollo de la historia se van descubriendo algunos secretos. En cierto sentido, la estructura nos recuerda el hoy casi extinto proceso fotográfico de antaño, desplazado por la fotografía digital. Inicia con una serie de exposiciones que, a lo largo de la obra, van revelando aspectos sobre los personajes, para finalmente mostrarnos el desenlace de cada toma.

Un poco de contexto:

La obra cuenta con personajes que se ubican en distintos tonos. La madre, simplemente llamada así, es interpretada por Mahalat Sánchez. Desde la comedia, este personaje funciona como el catalizador de los demás. La actriz dota de solvencia al personaje, conecta con el público y lo hace entrañable. Mientras que Natalia, la hija -perfectamente habitada por Assira Abbate-, quien sostuvo una relación con Mario antes de que éste desapareciera, nos habla desde el drama.

Juan y Sofía, hermanos de Mario, interpretados por Rodrigo Virago y Samantha Coronel, también tienen una carga dramática mayor: ellos han perdido a sus padres en la infancia y ahora su hermano está desaparecido. Olga, amiga de Natalia, es el otro personaje que, a través del humor, da respiro al público y contrapuntea la acción.

El tema de esta obra no son las desapariciones, sino la ausencia. Según datos recopilados por Amnistía Internacional, en México, hasta agosto de este año (y desde 1950), hay registro de 116,386 personas desaparecidas. Si bien no se trata de un fenómeno nuevo en nuestro país, apunta la organización, desde 2006 el número de personas desaparecidas “ha aumentado radicalmente”. El 88% de los reportes corresponden al periodo comprendido entre 2006 y 2024.

Esta aclaración es pertinente para entender el tono de la obra desde una perspectiva de una historia íntima, sí tocada por la realidad social, pero desde la visión de una relación familiar fracturada desde antes, no por el horror que actualmente viven miles de familias, sino por el destino y una comunicación interrumpida.

Éste es el punto de partida para que la autora nos narre la historia de personajes que se descubren a sí mismos y que se reconocen en el otro. Mario, un personaje extraescénico, ha desaparecido. Nunca aparece en escena y, de principio, no sabemos a ciencia cierta lo que le ha sucedido. Con este pretexto, Bárbara Colio coloca en escena a personajes que buscan llenar este vacío y que nos revelan su propio vacío. Es una obra que habla de sanar heridas; de lo que separa a las personas, pero también de lo que las une.

Es importante entender que este texto se escribió hace dos décadas. Su tema no son las desapariciones, si bien se menciona esta realidad que comenzaba en aquel entonces a recrudecerse, es solo el punto de partida para hablar de la ausencia, de fracturas familiares y personales, y de cómo éstas se pueden recomponer.

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Por Óscar Ramírez Maldonado, Foto: Cortesía de la producción.