Nuestra isla (Islander) habla de dos islas que alguna vez fueron una: Kinnan, que se está quedando sin pobladores, y Setasí, que navega a la deriva siguiendo a las ballenas mientras sus habitantes cuidan de ellas. También es la historia de dos niñas que se encuentran y, a pesar de sus diferencias o tal vez por ellas, se hacen amigas: Eilidh y Arran.La primera es la única niña que permanece en Kinnan, la segunda huyó de Setasí porque siente que le falló a los suyos.
Kinnan, una isla ficticia, es parte de las Islas Hébridas Interiores, un archipiélago que se ubica frente a la costa noroeste de Escocia. Su paisaje está dominado por acantilados y el mar abierto, azotado por el viento constantemente. Y ahí, sucede la historia.
Este musical, creado por Amy Draper, con libreto de Stewart Melton y con música y letras de Finn Anderson, habla de islas, pero, paradójicamente, nos hace pensar en el célebre poema de John Donne que inicia con la afirmación de que “Ningún hombre es una isla” y en este mundo actual se debería leer: “ninguna persona es una isla”. Nuestra isla tiene como idea central la amistad, la pertenencia colectiva, el arraigo a una comunidad y a una tierra. Nos hace recordar que no somos islas sino archipiélagos y continentes.
El musical ha llegado a México bajo la dirección de Clemente Vega y la dirección musical y vocal de Analí Sánchez Neri. El elenco, integrado por Alicia Candelas, Gina Granados, Marián Guzmán y Gaby Castillejos alternan funciones y dotan de distitos matices a sus personajes. La adaptación de Ana Graham, Antonio Vega y Cristóbal MarYan trae a nuestro idioma la mitología particular de esta isla y el espíritu escocés.
Nuestra isla es un musical muy particular, no necesita de un gran escenario ni de un elenco numeroso, tampoco de una orquesta, lo que es más, técnicamente prescinde de cualquier instrumento musical que no sean las voces de las dos actrices en escena y sus cuerpos para crear percusión. Solamente las acompaña un dispositivo electrónico conocido como looper. Con estos elementos interpretan el score integrado por piezas que nos remiten a la música tradicional escocesa. Los sonidos de aquel país son reconocibles en las escalas, armonías y progresiones que se apoyan en notas continuas conocidas como pedales (o bordones).
Aquí te damos tres razones para ver Nuestra isla.
1. Música que mezcla elementos tradicionales con tecnología para crear un sonido propio. Dos actrices con solamente sus voces y sus cuerpos, apoyadas en un dispositivo que graba sonidos y los repite, crean toda la magia: progresiones armónicas y melodías que remiten al sonido de la música escocesa con un toque contemporáneo nacen de esta combinación.
2. Universo que navega entre lo onírico y lo marítimo. El diseño de iluminación de Daniela Espino y el diseño escenográfico de Daniela García Moreno se complementan a la perfección para crear una estética que nos refiere a una isla alejada del mundo.
3. Mitología interna en la ficción que nos habla de temas humanos y actuales. La amistad, la migración, la pertenencia, la identidad y la rebeldía ante situaciones que parecen hechos consumados son algunos de los temas de los que nos hablan Arran y Eilidh en Nuestra isla.
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Por Óscar Ramírez Maldonado, Foto: Cartelera de Teatro
















