Mujeres soñaron caballos es uno de los textos más reconocidos del dramaturgo argentino Daniel Veronese. A través de él, el autor explora la violencia cotidiana, soterrada y los secretos. En la obra vemos a tres hermanos: Iván, Rainer y Roger (de mayor a menor) y sus parejas, Lucera, Ulrika y Bettina, respectivamente.
Personajes diversos de edades que oscilan entre los 20 y los 55 años se encuentran en un espacio cerrado. Veronese coloca en escena solamente un recorte de la vida de estos personajes. Un momento específico en el que se reúnen. Los secretos y los resentimientos asomando crean una sensación de estallido inminente. Tenemos datos sueltos sobre cada personaje y la obra no proporciona respuestas.
Hay un nuevo tipo de violencia en el aire, señala Lucera en algún momento; es la idea que late por debajo de esta historia. Estamos ante relaciones complejas, desgastadas, en un contexto que se intuye de precariedad económica y social.
Después de 15 años del último montaje de Mujeres soñaron caballos en la Ciudad de México (que fue dirigido por el propio autor), la obra regresa ahora bajo la dirección de Mariana García Franco y Abraham Jurado, con un elenco integrado por Juan Ríos Cantú, Mónica Jiménez, Carlo Basabe, Gina Granados, Víctor Loorns, Francesca Guillén y Estela Aguilar, éstas últimas alternando funciones.
La obra se estrenó originalmente en Argentina en 2002, en un momento en el que era golpeada por la postcrisis. El país sudamericano quebró entonces debido a la mala gestión económica del gobierno y sufrió del famoso “Corralito” que derivó en protestas masivas.
Esto no aparece explícitamente en el texto del autor, sin embargo, se respira una profunda frustración. La anécdota del salto al vacío de los caballos –surgido de una noticia real– funciona como metáfora de una sociedad al borde del colapso. Se ecribió en un momento, señala el mismo autor, cercano en el tiempo a la dictadura militar en Argentina. En sus personajes está plasmado un rasgo que atraviea la historica contemporánea de Argentina y toda latinoamérica. Veronese profundiza en un aspecto que se resume así: “Me intrigaba el perfil sentimental de quienes resisten como pueden pero en algún momento descubren la forma de devolver la violencia que reciben”.
Si el texto nace en un momento histórico definido, que parece pesar en el ánimo de los personajes, se resignifica cada vez que se monta de nuevo. En México –y en otros países latinoamericanos– están presentes muchos de los elementos que orbitan alrededor de la obra. Los elementos evolucionan y se transforman, pero permanecen.
Aquí te damos tres razones para ver Mujeres soñaron caballos.
1. Experiencia teatral intensa que nos sumerge en un ambiente tenso que amenaza con estallar. El texto de Veronese exige de su elenco una interpretación visceral y potencia actoral. Teatralidad, palabra y corporalidad son el centro de esta historia.
2. Una de las obras más influyentes de Veronese y del teatro contemporáneo argentino. En la carrera del autor fue un parteaguas y ha tenido distintos montajes no solo en Argentina sino en varios países latinoamericanos, entre ellos México.
3. Una reflexión profunda sobre el origen de la violencia familiar y estructural, la opresión, el machismo, el silencio y la memoria. La crítica sutil en esta obra tiene distintas capas, es una historia que confronta y genera preguntas a través de un realismo duro, pero salpicado de imágenes poéticas y metáforas que lo suavizan.
Así que ya lo sabes, si quieres disfrutar de un clásico contemporáneo del teatro latinoamericano, que refleja la sociedad y la condición humana a partir de un microcosmos familiar, Mujeres soñaron caballos es un texto que tienes que ver en escena.
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Por Óscar Ramírez Maldonado.


















Yo la vi el martes pasado y es tan dura y cruel en cuanto a situaciones y texto que a veces no te queda más que reír de eso que te suena ya cotidiano.
Aplausos al elenco que deja toda la intesidad en cada diálogo.