Loco amor (Fool For Love), de Sam Shepard, se estrenó en 1983 y al año siguiente fue finalista en los Premios Pulitzer en la categoría de Drama. Dos amantes, en un cuarto de un motel en el desierto de Mojave, se reencuentran; su relación marcada por el deseo, el rencor y los sueños incumplidos nos hablan de una historia de amor feroz y marcada por el pasado, destinada al colapso.
Actualmente se presenta un nuevo montaje de esta obra bajo la dirección de Gabriela Negrete. El texto, cuenta con la traducción de Miguel Septién.
En la obra participa un elenco integrado por tres actores que conocemos bien en los escenarios de esta ciudad, y que tienen ya una sólida carrera en ellos: Alberto Lomnitz, Alejandro Morales y Rodrigo Virago. Junto a ellos, una cara nueva en los escenarios mexicanos sorprende gratamente, la actriz Rafaela Covas, que se presenta con el pie derecho.
El autor de este montaje aborda constantemente en sus obras la sociedad moderna, el individualismo extremo y las relaciones familiares destructivas.
Aquí te damos tres razones para ver Loco amor.
1. Una historia con el sello particular de Sam Shepard. Se trata de uno de los dramaturgos estadounidenses más destacados de su generación, ganador del Premio Pulitzer en 1979 y finalista en dos ocasiones. Desarrolló un estilo difícil de definir; sus textos combinan humor ácido, franqueza, sátira y referentes de la cultura popular. Su trabajo integra mucho de la contracultura estadounidense de los años 60 y 70, ubicándose muchas veces en el medio oeste estadounidense.
2. Una escenografía e iluminación que transforman el espacio. La propuesta realizada por Félix Arroyo logra convertir al cuarto del motel donde sucede la acción en un personaje más. La decadencia del lugar, el letrero de neón que domina el escenario, y las luces que crean las paredes del cuarto simulando barrotes crean un espacio que se queda en la memoria. Es a la vez realista y una metáfora de lo que mantiene presos a los protagonistas.
3. Un texto que profundiza en la soledad, la obsesión y el destino. A través de diálogos intensos que llevan al choque físico por momentos, la obra nos habla sobre relaciones familiares destructivas, el deseo, las heridas del pasado e individuos en conflicto con su propia identidad, inmersos en un entorno que cuestiona el famoso “sueño americano”.
Como un elemento adicional, Dano Coutiño interpreta en vivo la música que compuso para el montaje. Esto le da una ambientación especial a la obra e imprime un sonido que nos remite a los vastos paisajes del desierto.
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Por Óscar Ramírez Maldonado.














