En un país donde abrir la llave se ha convertido en una ruleta rusa, llega La cumbia del pantano, un montaje monumental que nos recuerda que, aunque la crisis del agua nos tiene contra las cuerdas, también somos expertos en sobrevivir con ritmo, ingenio y carcajada.

Esta producción de la Compañía Nacional de Teatro, bajo la dirección y autoría de Aurora Cano,  retrata a un sinfín de personajes del día a día y las distintas problemáticas que se viven en nuestro país, estado y alcaldía. La obra de Cano toma a estos problemas urgentes, cotidianos y los sacude con cadencia tropical para convertirlos en un espectáculo que mezcla fiesta, teatro político, magia, humor negro y una enorme reflexión social.

Si tu corazón late en compás de cumbia, y quieres ver un montaje que cuestiona por qué, en pleno 2025, la burocracia puede ser tan seca como los tinacos y los funcionarios tan lentos como una fila en la alcaldía, aquí van tres razones para no perderte esta obra:

1. Aurora Cano convierte la denuncia en experiencia escénica. La actual directora de la CNT, vuelve a romperla con este montaje, al construir un texto que combina humor, mito y crítica con una elegancia feroz. Su historia no sermonea: seduce. Te envuelve en un ambiente jugoso, colorido, donde cada escena parece una fiesta popular, pero debajo late una crítica fársica de cómo funciona la administración pública en México, cómo el abuso de poder corroe instituciones y cómo la falta de agua afecta directamente a quienes menos tienen.

2. Un elenco que te invita a bailar y pensar desde la butaca. Desde Julieta Egurrola como Refugio, una mujer que enfrenta la precariedad urbana con fuerza y dignidad que se vuelve símbolo de resistencia. Daniel Giménez Cacho como el Licenciado Hernández, un funcionario contradictorio que representa al sistema y que al mismo tiempo intenta romperlo. Los policías (Iván Zambrano Chacón y Omar Silva) que enamorados intenta llegar al mar, los activistas (Ana Karen Peraza, Armando Comonfort, Shadé Ríos, Fernando Sakanassi y Mireya González) que buscan cosechas más justas, los habitantes del pantano y el enigmático Tezcatlipoca (Pedro Martínez Arredondo)—convertido en una especie de abogado provocador, completan un cuadro vibrante. Cada personaje aporta humor, humanidad y crítica que no decae ni un segundo.

3. Un carnaval escénico imposible de olvidar. Si algo convierte este montaje en una experiencia total es su poder visual y sonoro. La música en vivo, a cargo de Sebastián Espinosa Carrasco, Elvira Marzal y Yurief Nieves, no sólo acompaña: enciende. Desde Entrega de amor hasta La cumbia del ferrocarril, cada tema transforma la escena en una pista de baile donde el público vibra junto a los intérpretes. Por su parte, el videomapping y la iluminación añaden una dimensión enormemente espectacular. Las imágenes expanden la narrativa y crean momentos que se quedarán en la memoria.

Este montaje es un estallido musical que te levanta de la butaca y te deja bailando hacia la salida, sintiendo que, aunque el país esté hecho pantano, seguimos resistiendo con ritmo, para conocer más información, da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Fotos: Sergio Carreón Ireta