Valentina Garibay escribe y dirige La belleza es un accidente, la cual crea a partir de lecturas de textos como Liddell, Eco y Lipovetsky. El resultado es un texto que aborda temas como la belleza y la virtud, los cánones que marcan estos conceptos y cómo el sistema que los dicta violenta a las personas y deja huella en ellas.

El elenco del montaje está integrado, además de por la misma Valentina Garibay, por Nina Cookingham, Ana Isabel Esqueira, Alan Iván, Lilie Khavetz y Maaly Rochez.

La belleza es un accidente se trata de una coproducción entre Kraken Teatro y la Coordinación Nacional de Teatro. Esta propuesta, que la autora ha calificado más bien como “una partitura escénica más cercana al ensayo”, no sigue una línea anecdótica aristotélica. En ella encontramos escenas o viñetas que van desde los mitos clásicos, sobre figuras de la cultura popular o reflexiones de distinta índole –ya sea política, filosófica, histórica o social– para abordar el “misterioso fenómeno conocido como la belleza”.

Si bien el tema de los cánones de belleza, las presiones sociales y la violencia estética se abordan cada vez con mayor frecuencia desde el teatro, la diversidad de perspectivas enriquece la discusión y plantea interrogantes sobre el significado de la belleza.

Aquí te damos tres razones para ver La belleza es un accidente.

1. Un texto que plantea repensar las ideas sobre el cuerpo y la belleza como posibilidades de resistencia. Transitar entre distintos ámbitos de lo humano permite a este proyecto abordar diversos aspectos sobre el tema. Al tiempo que busca dialogar sobre nuestra obsesión como humanidad en torno a la belleza.

2. Experiencia multidisciplinaria, iluminación, vestuario y movimiento escénico. La estructura discursiva del montaje se apoya en distintos elementos y lenguajes –como lo coreográfico–  para suplir la falta de una línea argumental y mantener la atención del público.

3. Cuadros visuales de gran potencia estética. El trabajo realizado por el equipo creativo, además de la experiencia sensorial, crea imágenes –que emulan lo pictórico y lo fotográfico– atrapando al espectador y dando dinamismo a la propuesta.

El montaje cuenta con el diseño de iluminación de Alberto Reyna, diseño de vestuario de Valentina Garibay, coreografías y movimiento de Alan Iván, Ana Isabel Esqueira y Valentina Garibay.

Esta obra la puede disfrutar quien gusta de montajes con estructura no aristotélica, con una propuesta visual interesante y que ponen sobre la mesa temas de discusión pertinentes. Es una propuesta, además, que va ampliando el espectro de Valentina Garibay como dramaturga y directora. Hemos visto de ella ya proyectos como Grand Slam y Grozni, que abarcan temas que –aparentemente– podrían ser diametralmente opuestos; sin embargo, los tres proyectos están atravesados por líneas que comparten: temas humanos pertinentes, investigación documental y un trabajo físico muy cuidado.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.