Hay historias que no envejecen, solo se transforman… y Giselle es una de ellas. En un mundo donde hablamos constantemente de amor, red flags, ilusiones rotas y segundas oportunidades, este ballet nacido en 1841 sigue tocando fibras que hoy entendemos mejor que nunca. Giselle no es solo un clásico: es una narrativa emocional que atraviesa generaciones.

Con funciones hasta el 23 de noviembre, la Compañía Nacional de Danza regresa a la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes con una versión renovada, bajo la mirada de Svetlana Ballester, sobre la coreografía original de Jean Coralli y Jules Perrot, acompañada por la música de Adolphe Adam, interpretada en vivo por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes , dirigida por Yhovani Duarte.

Un relato que mezcla lo real y lo sobrenatural, la fragilidad humana y la poesía del movimiento, para recordarnos que el amor duele… pero también salva:

1. El alma del ballet romántico. Pocas obras resumen tan bien el espíritu del siglo XIX como Giselle. Su mezcla de lirismo, tragedia y fantasía convirtió a este ballet en un emblema del romanticismo escénico. La coreografía, marcada por el “ballet blanco” —con tutús largos y la sensación de ingravidez que otorgan las puntas—, crea un universo visual donde lo humano se eleva hacia lo espiritual. Bajo la dirección de Svetlana Ballester, quien interpretó a Giselle bajo la guía de la legendaria Alicia Alonso, esta versión respeta la estructura original, pero refresca la pantomima y el lenguaje escénico con acentos más contemporáneos. El resultado es una historia que conserva su pureza, pero que nos habla con sensibilidad moderna.

2. La partitura que nos guía del mundo real al etéreo. Compuesta en tan solo tres semanas, la partitura de Giselle es una suerte de poema sin palabras. La progresión melódica y nostálgica guía las emociones desde la butaca, comenzando la alegría del primer acto hasta la espiritualidad del segundo. Cada nota de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes sostiene la respiración de los cuerpos en escena, creando una comunión perfecta entre movimiento y sonido. Escuchar música en vivo dentro del recinto más emblemático del país es una experiencia que vale la pena disfrutarla.

3. Cada Giselle es única. En esta temporada, las intérpretes Ana Elisa Mena, Mayuko Nihei, Yoalli Sousa y Valeria Mariaud encarnan a la protagonista de forma alternada. Cada ejecutante ofrece una lectura distinta del personaje: la inocencia que se quiebra, la pureza que ilumina, la fragilidad que conmueve o la redención que se impone incluso más allá de la muerte, y que el amor, -en su forma más luminosa— siempre encuentra la manera de volver a brillar.

Ver Giselle es asistir a un encuentro entre lo eterno y lo efímero, entre la danza y el alma, no te pierdas esta gran experiencia en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, consulta más información, aquí.

Por Itaí Cruz, Fotos: Cortesía Compañía Nacional de Danza