Las historias familiares rara vez empiezan donde creemos. Muchas veces basta una pregunta para descubrir que detrás de los recuerdos de la infancia existen silencios, pérdidas y decisiones que marcaron a quienes vinieron antes que nosotros. Escuchar esas voces no cambia el pasado, pero sí transforma la manera en que entendemos nuestro presente. De eso habla la obra En el fondo del río, de la memoria como un acto de escucha, de las heridas que atraviesan generaciones y de la importancia de nombrarlas para que, al fin, salgan a la luz.

Con dramaturgia de Cynthia Fernández Trejo, codirección de Fernández Trejo y Valeria Martino, y producción de Maru Arias y Martino, el relato sigue a Romina, quien emprende un recorrido por los recuerdos de su infancia para comprender el acontecimiento que transformó la historia de las mujeres de su familia, y es precisamente en ese recorrido donde encuentra su mayor fuerza.

Estas son tres razones para verla:

1. Un rompecabezas emocional. Uno de los mayores aciertos de En el fondo del río está en el trabajo de Patricia Loranca (Romina/Sandra), Teté Espinoza (Ana/Virginia), Gabriela Núñez (Licha), Hazel Hamdan (vecina), quienes construyen un entramado familiar complejo sin caer en el melodrama. Cada una aporta matices que permiten comprender cómo el afecto, el miedo, la culpa y el amor pueden coexistir en una misma historia. La puesta exige a las actrices transitar entre distintos momentos de la vida de sus personajes y sostener una narración donde los recuerdos se entrelazan constantemente, permitiendo que sea el público quien complete los silencios y descubra, junto con Romina, las piezas de un rompecabezas emocional.

2. Recuerdos que conviven con el presente. La propuesta escénica combina música en vivo, proyecciones, diseño sonoro, iluminación y escenografía para crear un espacio donde los recuerdos parecen convivir con el presente. Cada uno de estos elementos construye una atmósfera que se mueve entre lo íntimo y lo evocador, acompañando el recorrido emocional de los personajes. Dentro de ese universo, el canto cardenche, deja de ser un recurso sonoro para convertirse en parte de la dramaturgia. Sus voces dialogan con el paisaje y con la memoria de los personajes, aportando una identidad profundamente mexicana y algunos de los momentos más conmovedores de la puesta.

3. Un viaje que revela sus secretos. Más que reconstruir el pasado, la obra plantea una pregunta que acompaña al espectador durante toda la función: ¿cómo comprender aquello que marcó nuestra historia? A través del viaje de Romina, la obra explora la necesidad de mirar hacia atrás para entender quiénes somos, sin caer en explicaciones simples ni discursos aleccionadores. En lugar de ofrecer certezas desde el inicio, la dramaturgia dosifica la información con paciencia, invitando al público a reconstruir la historia al mismo tiempo que su protagonista y convierte la experiencia en algo mucho más cercano e íntimo.

Las temporadas cortas suelen pasar desapercibidas, pero también suelen guardar algunas de las propuestas más interesantes de la cartelera. Si buscas una historia sostenida por un sólido trabajo actoral y una mirada sensible, En el fondo del río merece un lugar entre tus próximas funciones, para más información da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Fotos: Guadalupe Taffoya y Cartelera de Teatro