El zoológico de cristal es una de las obras más destacadas de Tennessee Williams, junto con Un tranvía llamado deseo y La gata sobre el tejado caliente. De hecho, se trata de la primera obra del autor que logró éxito y reconocimiento.

Escrita en 1944, a partir de un cuento (Portrait of a Girl in Glass) y un guión (The Gentleman Caller) que había escrito con anterioridad, la obra se estrenó en Chicago ese mismo año. Después de un inicio flojo y algunas críticas mixtas, el montaje –gracias a la defensa que realizaron de ella los críticos locales Ashton Stevens y Claudia Cassidy– cobró fuerza y finalmente llegó a Broadway. Donde obtuvo, en 1945, el premio del New York Drama Critics’ Circle a Mejor obra estadounidense (todavía no se creaban los premios Tony).

Se trata de un texto con una gran carga autobiográfica. Además, la historia está cargada de desconcierto, ansiedad y necesidad de un cambio en las cosas. Los Estados Unidos acaban de pasar en los años 30 la Gran Depresión y, en el momento del estreno, se encontraban inmersos en la Segunda Guerra Mundial.

Williams, en las acotaciones para esta obra, señala que se trata de una “comedia de recuerdos”. El autor advierte que esto permite “la liberación de todo convencionalismo”. Se trata, agrega, de observaciones que “se vinculan a una concepción de un teatro nuevo y plástico, que debe sustituir al agotado teatro de los convencionalismos realistas si se quiere que el arte dramático recobre su vitalidad como parte integrante de nuestra cultura”.

El montaje de este texto dirigido por David Olguín (quien junto con Anaïs Umano realiza la traducción), que se encuentra en su segunda temporada, si bien se aleja de algunas observaciones puntuales realizadas por el autor, acierta en el espíritu de liberación del que habla Williams. El trabajo creativo de Gabriel Pascal y las actuaciones de Laura Almela, Miguel Cooper, Anaïs Umano y David Juan Olguín Almela proponen esta lectura libre de convencionalismos realistas.

Aquí te decimos tres razones para ver este montaje de El zoológico de cristal.

1. Un texto de Tennessee Williams –sobre todo uno que es un referente de su obra– siempre será una razón para sentarse en una butaca y disfrutar del teatro. Esta historia familiar nos habla del choque de los sueños y aspiraciones contra una dura realidad. Es también una crítica a la sociedad estadounidense, la desintegración social y la pobreza que a su paso dejó la construcción del “sueño americano”; una crítica muy vigente al capitalismo en la que el público mexicano podrá encontrar resonancias concretas de su realidad.

2. Escenografía, iluminación y multimedia que potencian la adaptación. Gabriel Pascal, creador del diseño escenográfico y de iluminación, y el vestuario, el diseño sonoro y de video de El Milagro, crean un acercamiento cinematográfico al texto (que está lleno de referencias cinematográficas y que en parte nació como un guión de cine), tanto por los elementos que se utilizan como la disposición de ellos y de los intérpretes en el escenario.

3. La música como parte de la acción y elemento que contextualiza. Si bien el montaje original de 1944 contaba con una partitura original con un tema recurrente, titulado igual que la obra, en esta propuesta se utilizan piezas de jazz del periodo en que se desarrolla y fue escrita la obra.

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