David Gaitán escribe y dirige El mar es un pixel. El autor nos habla sobre el honor y la novedad tecnológica. Una misteriosa lista y un juguete tecnológico –con apariencia humana– son los ejes que utiliza para narrarnos esta historia.
Es una obra pertinente en un mundo en el que una reputación puede destruirse o construirse en tan solo un momento, y en el que la tecnología es una extensión inevitable de la vida. La historia sucede en una aldea en un lugar no definido, en un tiempo también indefinido.
En la casa de sus habitantes ha ido apareciendo un juguete, que posee la capacidad de mejorar sus vidas y proporcionarles apoyo cotidiano en las tareas más simples, en el campo profesional o emocional, incluso, en el sexual. Esta especie de cíborg o robot humanoide –que es omnipresente– parece un regalo maravilloso, sin embargo, se trata de una utopía que podría encerrar algo siniestro, ya que la oferta es demasiado buena y las reglas poco claras.
De la misma forma misteriosa en la que aparece el juguete, lo hace una lista clavada en la puerta de la iglesia. Estar en ella o no se transforma de pronto en el parámetro para juzgar al otro, para juzgar su honor y su moralidad. Esto desata en el pueblo miedos, temores, aspiraciones y pasiones, llegando a marginar a sus propios habitantes.
La intención del autor, según ha dicho él mismo, fue crear una entidad que reflejara la relación obsesiva de nuestras sociedades con las novedades tecnológicas. La euforia y angustia que provocan al mismo tiempo en nosotros cada avance. Hoy lo es la inteligencia artificial, pero antes lo fue el radio, la televisión o el internet.
Aquí te damos tres razones para ver El mar es un pixel.
1. David Gaitán nuevamente nos propone un texto inteligente, bien construido, lleno de humor y crítica social, que habla de temas sobre los cuales es necesario reflexionar. La obra escrita en un lenguaje actual pero con rima y métrica, evoca la musicalidad del Siglo de Oro para hablarnos de un universo en el que coexiste lo nuevo con lo pasado.
2. La escenografía, vestuario, iluminación, multimedia, música y diseño sonoro crean un perfecto equilibrio que nos refiere a un mundo que sabemos tecnológico pero indeterminado en el tiempo. Se destaca un juego de telones móviles que se desplazan para ocultar o mostrar a los personajes según la acción, sus pensamientos o estado de ánimo, aprovecha y expande todo el espacio del Teatro Juan Ruiz de Alarcón, creando un juego entre lo clásico y lo tecnológico: telones que evocan, a un tiempo, lo teatral y como la tecnología filtra lo que percibimos de nuestra realidad.
3. El elenco, integrado por Hernán del Riego, Daniela Arroio, Verónica Bravo, Michelle Betancourt y Emmanuel Lapin, enfrenta un reto adicional. Además de construir personajes arquetípicos que requieren cierto grado de caricaturización sin caer en el extremo, al tiempo que mantienen su humanidad, se enfrentan con un texto con métrica y con verso. Ambos retos, los superan con absoluta naturalidad.
Así que ya lo sabes, El mar es un pixel es una excelente oportunidad para ver teatro mexicano de gran factura. El equipo creativo está integrado por Mario Marín del Río en el diseño de vestuario y escenografía; Erika Gómez en el diseño de iluminación; y Andrés Motta en el diseño sonoro y la música original.
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Por Óscar Ramírez Maldonado.















