Hay obras que se disfrutan desde la butaca y otras que invitan a dar el primer paso dentro de ellas. El mar enamorado pertenece a estas últimas. Desde que cruzas la puerta del recinto, queda claro que todo ha sido pensado para las primeras infancias: bebés, niñas y niños ocupan el centro de la propuesta, mientras mamás, papás y acompañantes descubren el mundo a través de sus ojos.
Creada por Alejandra Ballina, Liliana Rosas y Erzy Yoseff, la puesta narra el encuentro entre el Mar y la Luna, guiados por Chat, un simpático pelícano. Bajo la dirección de Ballina y con las actuaciones de Rosas, Yoseff y Rosaura Pérez Sanz —además de la participación especial de Fernanda Castillo como la voz de la Luna—, la puesta transforma el escenario en una playa imaginaria donde la escenografía, la iluminación, el diseño sonoro y la interacción con el público dan vida a un universo que invita a jugar, explorar y dejarse sorprender.
Aquí no importa permanecer en silencio ni quedarse quieto. Entre nubes, olas, animales marinos y pequeños rituales que involucran a toda la familia. Si aún no conoces este tipo de propuestas para primeras infancias, aquí te compartimos tres razones para sumergirte en esta enternecedora puesta en escena:
1. El primer gran descubrimiento en la infancia. A diferencia de una función tradicional, la obra rompe la barrera entre escenario y espectadores. Desde el ingreso, bebés, niñas y niños son el centro de la experiencia: ocupan los tapetes que simulan la arena, se quitan los zapatos para recorrer el espacio en calcetines y participan en distintas dinámicas que los convierten en parte de la historia. La obra entiende que, durante los primeros años de vida, descubrir el mundo también significa tocarlo, recorrerlo y jugar con él.
2. Un océano construido con luz, color e imaginación. Uno de los mayores atractivos del montaje radica en su propuesta escénica. Una enorme tela se convierte en un mar que cambia de humor con el movimiento de las actrices; la iluminación transforma el espacio para dar paso a un universo submarino donde aparecen medusas fluorescentes, peces y burbujas, mientras el diseño sonoro acompaña cada transición. La escenografía, lejos de ser un fondo, se transforma constantemente para invitar a las infancias a explorar un mundo donde cada objeto adquiere un nuevo significado.
3. Un recuerdo compartido en familia. El mar enamorado nos regala momentos que permanecen en la memoria: niñas y niños elaborando un collar con conchas para regalar a la Luna, siguiendo el vuelo del simpático pelícano o maravillándose con las criaturas marinas que aparecen entre ellos. Y mientras eso sucede, madres, padres y acompañantes terminan mirando la escena con la misma curiosidad. De esta manera, lo que sucede frente a nuestros ojos, nos recuerda que el teatro también puede ser un espacio para compartir el asombro entre generaciones.
La obra nos invita a detener el ritmo cotidiano, entrar descalzos a una playa imaginaria y permitir que el teatro haga lo que mejor sabe hacer: despertar la imaginación de quienes apenas comienzan a explorar el mundo y también de quienes los acompañan.
La respuesta del público fue tal que la temporada agotó todas sus localidades, esperamos que El mar enamorado regrese pronto a los escenarios para que más familias puedan descubrir esta entrañable experiencia teatral para las primeras infancias.
Por Itaí Cruz, Fotos: Luis Quiroz/Helénico
















