¿Qué tiene el fútbol que captura la imaginación y los sueños de millones de personas? ¿En qué se parece este deporte al amor y sus complicaciones? Ahí entra El día que México ganó el mundial, una obra escrita por Guillermo Ríos y Santiago Ríos. Bajo la dirección de Fernando Zuloaga, Alexa Martín y Carlos Speitzer actúan en este montaje que plantea paralelismos entre ambas cosas.
Ambos intérpretes, a los que estamos más acostumbrados a ver en otro tipo de plataformas, se acercan a la escena teatral en esta propuesta muestrando respeto y compromiso en el escenario.
La anécdota de esta obra es, en sí misma, algo en lo que casi todos podemos reconocernos: una ruptura amorosa. Pablo y Bárbara están por firmar su divorcio; mientras esperan al abogado, vemos a través de “repeticiones” momentos de su relación que los llevaron a este punto crítico. Dos comentaristas —como voces en off— van narrando estos sucesos mientras en escena vemos estos momentos.
Se trata de una obra que busca hablar de comunicación en pareja, sueños, errores y la posibilidad de “encontrar un tiempo extra”, cuando todo parece perdido. Cuestiona ese momento en el que lo que debería de ser un equipo se volvió en un duelo entre rivales.
En El día que México ganó el mundial, sus autores hacen un símil evidente: un matrimonio en crisis como dos bandos que con tácticas y estrategias buscan dominar a su rival como si fuera un partido. Abordan la vulnerabilidad de una pareja ante el resultado de las decisiones que se fueron tomando a lo largo de una relación, tal como sucede en un encuentro futbolero. Pero por otro lado, buscan esos vasos comunicantes entre la pasión colectiva, los sucesos sociales y políticos con el espacio íntimo y personal.
Aquí te damos tres razones para ver El día que México ganó el mundial.
1. Historia sobre un tema complejo y universal, como es el amor, abordada desde un lado ligero y más amable. La comedia, con momentos que buscan conmover, es la herramienta con la que esta obra establece el diálogo con su público.
2. Mundial por mundial, desde México 1986, el montaje trata de hacer un recuento de las experiencias que, como país, hemos vivido y que nos han marcado. Hace un contraste entre el ámbito personal y privado, con lo social, lo político y lo futbolístico.
3. Un mensaje sobre la posibilidad de repensar una relación y aprender de los errores. Alexa Martín y Carlos Speitzer —con muy buena química sobre el escenario— nos llevan a través de esta historia para recordarnos que el amor no se trata de un duelo entre contrarios, sino de un trabajo en equipo.
El amor es sin duda una de las cosas más importantes de las cosas más importantes, mientras que “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”, como afirma la famosa frase que se adjudica a los exfutbolistas y entrenadores Arrigo Sacchi o Jorge Valdano, según la fuente que consultemos. En el fútbol, como en el amor, aplica la frase que este 2026 se ha puesto de moda en México: “y si sí”. Por eso, si quieres ver una historia que mezcla ambos mundos y nos invita a jugar del mismo lado en el amor, esta obra es para ti.
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Por Óscar Ramírez Maldonado.















