Hay historias que parecen imposibles de creer hasta que el teatro decide recordarnos que ocurrieron de verdad. La de Irena Sendler es una de ellas. En medio del horror de la Segunda Guerra Mundial, cuando el miedo gobernaba las calles del Gueto de Varsovia y miles de familias eran condenadas a desaparecer, una trabajadora social decidió desobedecer al terror.

No tenía armas ni poder político, pero sí una convicción inquebrantable: ningún niño debía morir por su origen. Arriesgando su libertad —y su vida— organizó el rescate clandestino de más de 2,500 niñas y niños judíos, escondiéndolos en ambulancias, cajas, sacos o cualquier espacio que pudiera convertirse en esperanza. Su historia no habla únicamente de valentía; habla de humanidad cuando parecía haber desaparecido del mundo.

Esa memoria cobra vida en El ángel de Varsovia, monólogo escrito por el dramaturgo mexicano Tomás Urtusástegui y dirigido por Carlos Rangel, que regresa a los escenarios con una nueva temporada durante marzo en el Teatro Xola.

1. La empatía como un acto de resistencia. La obra recupera episodios reales del rescate organizado por Irena Sendler dentro del gueto más grande impuesto por el régimen nazi en Europa. Lejos de presentar a una heroína inalcanzable, el texto muestra a una mujer común enfrentando decisiones imposibles. Cada acción implicaba un riesgo mortal y ahí radica una de las mayores virtudes de la puesta: recordarnos que la empatía también puede ser un acto de resistencia.

2. Fanny Sarfati y el reto de encarnar a una heroína real. Fanny Sarfati construye a Sendler desde la memoria. Una mujer mayor que revive episodios que aún duelen, que recuerda con humor ciertos momentos de su vida y que carga también con la culpa de no haber podido salvar a más personas. Sarfati presta el cuerpo y la voz para que esta historia continúe siendo contada.

3. Una puesta íntima que se convierte en experiencia viva. La dirección de Carlos Rangel opta por la sencillez para que la historia respire y llegue directamente al espectador. El escenario se construye a partir de objetos personales, fotografías, frascos llenos de nombres y recuerdos que funcionan como detonadores de la memoria. Conforme avanza el monólogo, el espacio se transforma emocionalmente, acompañando los recuerdos de guerra, los momentos de peligro y también los instantes de humanidad que sobrevivieron al horror.

Más que una obra sobre el pasado, esta puesta es una invitación a mirar nuestra propia humanidad desde el presente, y recordarnos algo esencial, que incluso en los momentos más oscuros, siempre existe alguien dispuesto a elegir la vida, para más información del montaje, da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Fotos: Cartelera de Teatro