A veces los fantasmas de Comala parecen habitar cada rincón de nuestro país. En Dios le guarde su hora, de Blanca López Arzola, late ese espíritu rulfiano. El texto ganador del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2025 está lleno de parajes desolados y agonizantes, de espectros y fosas clandestinas.
La dramaturga retrata en su texto los accidentados y abruptos paisajes de la Sierra Madre Occidental en Chihuahua, con sus cañones y barrancas. Habla de comunidades que han sido azotadas por el abandono y la violencia. Desde un lenguaje profundamente poético y humano, nos lleva a lanzar un vistazo a esta realidad.
Toca, desde la teatralidad, el apego a la tierra frente al deseo de emigrar, el miedo y las culpas. Pero también habla de arraigo y esperanza de romper con esos ciclos. Construye un espacio lleno de poesía.
A partir de la historia de tres personajes que se entretejen —una misionera, Ernesto y Juanita—, Dios le guarde su hora retrata los círculos de brutalidad, pérdida y carencia. Fantasmas y situaciones que se repiten sin final hablan de heridas en las comunidades que persisten al paso del tiempo.
Juan Carrillo dirige este montaje, en el que actúan Rodolfo Guerrero, Judith Inda, Ernesto García y Omar Silva, miembros del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro. El elenco actoralmente ofrece interpretaciones sólidas que tocan al público. Como eje que articula las historias, Judith Inda se destaca al dar cuerpo a la angustia de las madres y mujeres que sobreviven en este entorno violento, sembrado de desapariciones, y que tratan de mantener a flote sus comunidades.
Aquí te damos tres razones para ver Dios le guarde su hora:
1. Un elenco que da cuerpo al dolor de las comunidades en la Sierra de Chihuahua, sufrimiento que tiene su propio reflejo en otros lugares de nuestro país. El elenco transmite esa sensación de moverse en una zona liminal entre lo real y el sueño. Además de lo actoral, un títere, música en vivo y teatro de sombras son las herramientas de las que se sirven para narrar esta historia.
2. La dramaturgia de Blanca López está cargada de lenguaje poético donde convive —como en la misma Sierra— la belleza exuberante con parajes yermos y solitarios. La autora sabe darle una voz poderosa al horror de la violencia y el abandono.
3. Visualmente la dirección de Juan Carrillo y su equipo creativo logran imágenes a la vez poderosas y llenas de poesía. Diseño escenográfico, de iluminación y sonoro crean un espacio cerrado que se mueve entre dos mundos, entre la memoria y el presente, entre el mundo de los muertos y el de los vivos.
En este montaje encontramos una propuesta bien lograda en todos sus niveles. Seguramente la disfrutarás si te gusta el teatro que toca aspectos sociales y que deja temas de reflexión sobre la realidad que vivimos.
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Por Óscar Ramírez Maldonado, Foto: Cartelera de Teatro.















