Después de Peter es un texto de Marcelo Treviño, con el cual ganó el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo Trejo 2024. Bajo la dirección de José Uriel García Solís, tiene su temporada de estreno con las actuaciones de Antonio Saavedra y Gerardo Gallardo.

Se trata de un texto que busca explorar un pasado no tan lejano como un acto de memoria para comprender el costo que ha tenido para la comunidad LGBT, en específico la comunidad gay, algunas de las libertades que hoy goza.

Es un ejercicio para no olvidar que el SIDA es una enfermedad crónica pero ya no mortal, no es ella quien mata sino la desinformación y el estigma. Los personajes de la obra, Peter y Dave, ha dicho el autor, “son voces dispersas que representan a los que murieron durante la pandemia del VIH en los años ochenta”.

La obra nos traslada a Nueva York de los años ochenta, para narrar la historia de David, un artista joven que perdió en 1987 a su pareja, Peter, durante la pandemia. Los recuerdos cargados de rabia, amor y dolor nos llevan a través de una ciudad que margina y segrega, en un mundo indiferente y que mira hacia otro lado.

Es una obra que, como señaló el padrino de estreno, el actor Humberto Busto, le da dimensión a la historia de la comunidad gay, lo cual es necesario para que cuente las historias que no ha podido contar.

Aquí te contamos tres razones por las que ver Después de Peter.

1. Una historia sobre la importancia de la memoria para enfrentar la ignorancia. Esta obra es un acto de memoria y resistencia; muestra cómo la sociedad y las instituciones fueron indiferentes ante la crisis de VIH/SIDA en los años ochenta. Se trata, además, de un montaje que habla de los finales, la pérdida y la memoria.

2. Homenaje a los artistas David Wojnarowicz (escritor, cineasta, fotógrafo, pintor, artista de performance, compositor y activista), y Peter Hujar (fotógrafo). Se trata, como señala el autor del montaje, de un homenaje a esta pareja de artistas que se encuentran en “ese punto medio entre la fama y el olvido”.

3. Estética visual coherente que hace referencia al trabajo de Wojnarowicz y Hujar. Para crear ese espacio se utilizan elementos que refieren a la obra de ambos. El diseño de vestuario e iluminación apalancan esta propuesta para sugerirnos el espacio temporal de los años ochenta en Nueva York.

Se trata de un montaje que, si bien tiene como centro de gravedad a la comunidad LGBT, busca crear, en palabras de su director, empatía con el espectador y tender un puente con la sensibilidad de sus protagonistas.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.