Si para ti la Navidad no huele a pino sino a estrés, familia incómoda y facturas mal timbradas; si el ponche te da más cruda emocional que espíritu festivo y los villancicos despiertan tu lado más cínico, entonces Cuentos Antinavideños: De ponche, caipiriñas y azufre es exactamente el lugar donde deberías estar.
Fieles a una tradición que Teatro La Capilla ha cultivado con orgullo —la de reírnos de lo que “debería” ser bonito—, estos tres monólogos celebran al Grinch que sobrevive dentro de nosotros. Aquí La Navidad, vista desde este escenario, es un campo minado perfecto para la ironía, el desencanto y la risa catártica. Y sí: duele un poco… pero qué bien se siente reírse de eso.
Si tú eres de los que año tras año visitan La Capilla, ya tienes una idea y sino, es un plan recomendadísimo para que vivas las últimas semanas del año, aquí te damos 3 razones para que te lances a ver esta edición 2025:
1. El mundo godín también tiene fantasmas. El cuento Los fantasmas de las navidades pasadas abre la noche con una mirada tan familiar que duele… y hace reír. Un espacio laboral, una celebración aparentemente inofensiva y la sensación de que cualquier movimiento en falso puede perseguirte más allá de diciembre. Bajo la dirección de Valeria Fabbri, Nohemí Espinosa despliega todo su arsenal clown: cuerpo, ritmo y una comicidad precisa que vuelve hilarante lo que muchos preferirían olvidar. El resultado es una risa nerviosa, de esas que se sueltas cuando piensas: “esto ya me pasó”.
2. La Navidad también ocurre en línea. El segundo cuento, Vovó, nos invita a asomarnos a una historia que cruza generaciones, pantallas y afectos. Lo que empieza como un intento por simplificar la vida en diciembre se convierte en un terreno resbaloso donde la confianza juega un papel clave. Con la dirección de David Barrera Bautista, Esther Orozco, (a quien solemos ver en registros dramáticos), sorprende con un vis cómico delicado y envolvente. Sin subrayar, sin exagerar, va atrapando al público hasta dejarlo suspendido entre la ternura y la alerta.
3. Los acuerdos “mágicos” esconden letras chiquitas. El cierre llega con Elegía del rojo perdido, un monólogo que le da la vuelta a los roles tradicionales del imaginario navideño. Aquí, los símbolos más conocidos no son tan inocentes como parecen y las promesas pueden volverse en contra de quien confía de más. Bajo la mirada de Mario A. Monroy, Karla Morales, comediante e improvisadora de agilidad magistral, conduce esta historia con una velocidad y precisión que mantienen al público entre la carcajada y la sospecha.
Cuentos Antinavideños no pretenden arruinarte la Navidad, sólo mostrarte otro rostro de estas festividades. Ese que se parece más a la realidad, que se ríe del caos y que convierte el desencanto en un gran plan teatral, ideal para quienes celebran diciembre con ironía, risa negra y un rico ponche en la mano, si quieres conocer más información, da clic aquí.
Por Itaí Cruz










