Cruise es un viaje en el tiempo. Nos lleva a los años ochenta en Londres, a un momento que significó un parteaguas para la comunidad LGBTQ+, especialmente para la comunidad gay. La pandemia del VIH marcó a toda una generación, sus efectos llegan hasta nuestros días todavía. Modificó a toda una comunidad y a la sociedad en su conjunto. Fue un momento importante en la lucha por los derechos de esa comunidad y que abrió – posteriormente – nuevos caminos de apertura a la diversidad, pero también dejó secuelas de discriminación que hoy persisten.

La obra, escrita por Jack Holden, fue nominada en el 2022 al premio Olivier para Mejor obra de estreno. Bajo la dirección de Alfonso Íñiguez y la interpretación de Alejandro Speitzer, este unipersonal llega a México.

Basada en un hecho real, la obra narra lo que debería haber sido la última noche en el mundo de Michael Spencer, un hombre que vivió la crisis del SIDA en los ochenta y fue superviviente de aquel momento histórico. Micheal narra su historia a un joven voluntario en una línea de ayuda LGBT+, cómo llegó a Londres y decubrió la escena queer en el barrio de Soho, y cómo en 1984 fue él y su pareja fueron diagnosticados como portador del VIH. Ante lo que en aquel entonces equivalía a morir – afrotunadamente hoy el sidea es considerado una enfermedad crónica – Micheal decide rebelarse y vivir intensamente el tiempo que le queda.

La obra mezcla memoria, elementos de la cultura queer y la música para hacer un tributo a quienes sobrevivieron a la crisis del VIH-SIDA. Nos habla de una comunidad golpeada fuertemente, impotente ante el avance de la pandemia, que no encontró cobijo de la sociedad ni de las autoridades. Sin embargo, es también un tributo a la libertad, la resiliencia, la rebeldía y al disfrute de la vida. Una invitación a ver con otra mirada a generaciones anteriores que, en gran medida, crearon – para bien y para mal – el mundo que hoy vivimos.

Aquí te decimos tres razones para ver Cruise, que es además obra seleccionada en los Premios del Público Cartelera de Teatro.

1. Alejandro Speitzer se apodera del personaje con entrega y respeto. La energía que el actor despliega en el escenario se desborda. Crea una dupla con su director para que todos los elementos funcionen en escena y que cada parte de la narración tenga los matices que requiere.

2. La música, la fiesta de los 80’s y el Soho londinense de aquella época se materializan en el escenario. El diseño escenográfico de Javier Ángeles, que nos refiere a los industrial, crea disntos espacios para que Speitzer construya personajes, y el impactante diseño de iluminación de Matías Gorlero, que rebasa el escenario para transformar el teatro en un espacio vibrante, son por sí mismos una experiencia.

3. La mirada hacia los años ochenta del siglo XX para mantener la memoria. Se trata de un texto que rescata una década que para diversos colectivos y comunidades fue disruptiva y un tiempo fértil para ir a contracorriente, reivindicar las libertades y experimentar la vida al máximo; pero que también fue, particularmente dolorosa para la comunidad queer. Es un texto que desde lo particular se proyecta hacia universal. Es una historia profundamente humana y conmovedora, que toca temas como el amor, la libertad, la memoria, resiliencia y empatía.

Si disfrutas de los montajes que están realizados con gran cuidado, que hablan desde temas muy humanos, Cruise es una buena opción para ti. También hay que agregar que la música de John Patrick Elliott y la mezcla en vivo del DJ Miguel Urueta se integran como un personaje más a este montaje.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.