Hablar de “deconstrucción” puede provocar desde bostezo hasta alarma. Hay quien piensa que es un término de moda, quien lo siente como ataque personal y quien, simplemente, prefiere no meterse en problemas, pero, ¿y si en lugar de una batalla fuera una conversación? ¿Y si en vez de señalar, se tratara de reírnos primero, para después entender?

Cómo deconstruirse del patriarcado sin morir en el intento no llega a imponer verdades ni a repartir culpas. Llega a hacer algo mucho más interesante: incomodar con inteligencia, sacudir con humor y abrir preguntas donde antes sólo había certezas heredadas. Aquí no hay sermón. Hay cabaret. Y eso cambia todo.

La dramaturgia de Leticia Pedrajo articula un texto afilado, inteligente y consciente de su tiempo, bajo la dirección de Olivia Barrera. En escena, Pedrajo —como la desbordante Dra. Brunetta Annunziata— y Armando Tapia —en el entrañable y contradictorio Luisito— construyen una dupla sólida, cómplice y dinámica, capaz de sostener el juego con el público mientras encarnan, con precisión, las tensiones que atraviesan el corazón de la obra.

La pregunta no es si estás de acuerdo, sino si estás dispuesto a mirar —aunque sea tantito— desde otro lugar, y aquí te damos 3 razones para que te lances a verla:

1. La risa como puerta de entrada. El gran acierto del montaje es entender que nadie cambia de opinión a regañadientes. Por eso, en lugar de confrontar desde el enojo, apuesta por la risa como puerta de entrada. Leticia Pedrajo construye un personaje desbordado, brillante y mordaz que convierte conceptos complejos como micromachismos, mandatos sociales y lenguaje, en situaciones reconocibles y, sobre todo, divertidas que provocan carcajadas, pero, en medio de la risa, algo se acomoda distinto. Una frase se queda, una idea te incomoda y cuando menos te das cuenta, ya no estás sólo viendo una obra: estás revisando cosas propias, eso sí, sin regaños,sin culpa y con humor.

2. Una experiencia contigo incluidx. Aquí no hay una cuarta pared que te proteja, desde el primer momento, la Dra. Brunetta Annunziata te mira, te habla y, si te descuidas, te hace participar. El formato de conferencia escénica (dividida en módulos) convierte al público en parte del experimento. No estás sentado “viendo”: estás dentro del discurso. Las proyecciones, las canciones tipo karaoke, las dinámicas y la interacción constante generan una sensación clara: esto no ocurre sin ti. Y ahí está la clave, porque cuando el teatro deja de ser observación, se vuelve una experiencia.

3. Abre la conversación sin imponer respuestas. En tiempos donde todo parece polarizado (donde o estás a favor o en contra), este montaje hace algo poco común: no busca que salgas pensando igual que alguien más, sino que salgas pensando. En el discurso sí hay una postura, pero no hay dogmas. La obra no te dice qué hacer con lo que escuchas, te lanza preguntas, te pone ejemplos, te muestra contradicciones y te deja decidir, y eso se agradece, porque al final, más que cambiarte, la obra te invita a algo más sencillo (y más difícil): mirarte.

La obra no pide cambies de inmediato ni que tengas todas las respuestas, basta con permitirte mirar distinto, aunque sea por un instante, no de destruir lo que somos, sino de entenderlo mejor para elegir qué vale la pena conservar y qué ya es momento de soltar. Y si el teatro puede abrir esa puerta, entre carcajadas, canciones y verdades que arden un poco, entonces vale la pena cruzarla.

Para conocer más información de la obra, da clic aquí.

Por Itaí Cruz, Fotos: Cartelera de Teatro