Saint-Exupéry en su famosa novela El Principito habla, entre muchas otras cosas importantes, del sentido profundo de “domesticar”. El autor francés pone en boca de un pequeño zorro el significado del concepto: “crear lazos”. Es, dice el zorro, hacer a alguien “único en el mundo”. Pero también nos advierte que crear estos vínculos vale la pena siempre, incluso cuando el ser que hemos y nos ha domesticado deja de estar a nuestro lado.

Cati, Catalina, Calicó es una obra dirigida por Lizeth Rondero y Felipe Rodríguez (quien también es el autor). El texto, dirigido a jóvenes audiencias, nos habla sobre estos tema; nos habla sobre cómo los vínculos nos transforman. Habla también sobre el duelo y sobre dejar ir. El montaje nos habla de cómo una pequeña gatita cambia la manera de ver la vida a Luisa, quien la adopta. Ella y su novio recorrerán un camino de amor y ternura al lado de Catalina –como bautizan a la pequeña gatita– a lo largo del tiempo que les toca compartir con ella.

El elenco de esta obra está integrado por Lizeth Rondero, Felipe Rodríguez e Isaías Avilés, y aquí te contamos tres razones para verla.

1. Trabajo con títeres. Para dar vida a Catalina, el elenco lo hace a través de un títere que la representa. Logra proyectar movimientos y actitudes felinas, a la vez que Isaías Avilés representa una especie de narrador-conciencia de personalidad gatuna.

2. Teatro de sombras e iluminación para recrear paisajes oníricos o escenas que suceden fuera del espacio íntimo de los protagonistas como las visitas de Cati al veterinario. Un recurso que resulta en este montaje efectivo y poético a la vez.

3. Un relato íntimo que sensibiliza sobre los ciclos naturales de la vida. El texto tiene un mensaje que puede conectar tanto con las infancias como con el público más adulto. Explora nuestra relación con los animales de compañía y los procesos de duelo y amor que experimentamos con ellas.

Este montaje es una buena opción para un plan en familia. La obra crea una experiencia que transita por distintas emociones como la risa, la reflexión, y por qué no decirlo, un poco de llanto, pero de ese que vale la pena, porque nos recuerda dos enseñanzas fundamentales, que Saint-Exupéry resumirá así: “Lo esencial es invisible a los ojos” y “eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.

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Por Óscar Ramírez Maldonado, Foto: Luis Quiroz.