David Gaitán escribe, dirige y actúa Azul Bosques. Es un monólogo que tiene el sello característico que su autor ha ido formando a lo largo de su carrera. Encontramos también temas que ha abordado en sus últimos montajes: el poder, lo virtual, la relación entre la tecnología y los deseos del ser humano.

En este nuevo proyecto, sigue explorando estos temas, ahora, a partir de otro punto de vista distinto a los anteriores. Si en El mar es un pixel lo hace desde la perspectiva de la reputación y la cancelación, en Oso polar decapitado desde la confianza ciega en la tecnología y la desigualdad en el acceso a ella, en Azul Bosques lo hace desde la intimidad y la sexualidad.

La reflexión central del texto gira en torno a los mecanismos de control y los límites de la intimidad en una sociedad distópica, en la cual la presencia del Estado y la tecnología es –prácticamente– ilimitada. El deseo, explícitamente identificado con la sexualidad en la obra, se puede extrapolar a otros deseos y la forma en la que los Estados los utilizan para mantener el comportamiento de los individuos dentro de ciertos parámetros.

Gaitán echa mano de la ironía y el humor negro para hablar de las contradicciones que se han vuelto inherentes en nuestras sociedades. Nos presenta una dramaturgia que lanza preguntas, que cuestiona, que busca desmontar ideas preconcebidas.

Aquí te damos tres razones para ver Azul Bosques.

1. Actuación sólida, eficiente y que toma riesgos. David Gaitán, autor, director y actor del montaje muestra en el escenario su capacidad actoral y como director. Desde una posición vulnerable establece un puente con el público para contar esta historia.

2. Diseño de iluminación, escenográfico y de sonido que aprovechan las características del espacio y aportan al desarrollo dramático. Si bien el peso de un unipersonal está sobre los hombros del intérprete, en este caso el trabajo creativo que lo acompaña crea un espacio que responde a las necesidades del texto.

3. Temas pertinentes a través de una propuesta que explora caminos narrativos que confrontan. Desde la distopía, Gaitán nos invita a pensar sobre el poder y la tecnología, sobre sus implicaciones; a la vez que nos recuerda que el amor también puede ser un acto de resistencia.

Esta obra es una buena oportunidad de disfrutar un espectáculo escénico que saca de su zona de confort tanto al intérprete como a la audiencia. Si disfrutas de propuestas que se alejan de temas y narrativas convencionales, y que además siembran preguntas para la reflexión, Azul Bosques la puedes disfrutar.

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Por Óscar Ramírez Maldonado.