Áyax fue uno de los guerreros más hábiles y valientes durante la Guerra de Troya. La pérdida de la honra lo llevó al suicidio. Primero sus iguales, los átridas y los griegos, lo deshonraron al otorgar las armas de Aquiles —quien murió en batalla— a Odiseo en lugar de a él, que creía merecerlas. Luego, bajo el influjo de la diosa Atenea, aniquiló en su locura al ganado pensando que eran los Atridas. Al descubrir que había matado animales en lugar de guerreros, se quitó la vida, pues había perdido el honor por la acción que cometió.
El Colectivo desde los huesos utiliza la figura de Áyax como un punto de partida para reflexionar sobre nuestra realidad en el montaje Áyax: cuando un soldado dispara. No se trata de una reelaboración del mito, tampoco de una adaptación; más bien, como una línea paralela, el héroe griego acompaña, sin cruzarse con ellas, otras dos historias en la actualidad: la de dos integrantes de la Guardia Nacional y la de una niña y su familia. Estas dos historias, sí habrán de juntarse irremediablemente.
La figura del héroe —preocupado al extremo por el honor— sirve para contrastar el proceso de deshumanización de las fuerzas encargadas de combatir la violencia en nuestro país. A partir de esta premisa el Colectivo desde los huesos se plantea, en el marco de la creciente militarización que ha significado la “guerra contra el narco”, preguntas como: ¿qué sucede con la conciencia del individuo al encuadrarse en estructuras jerárquicas y regidas por la obediencia absoluta?
Con dramaturgia y dirección de Sergio López Vigueras actúan Raúl Villegas, Tony Corrales, Federico Zapata, Paulina Álvarez, Jorge Ríos.
Aquí te damos tres razones para ver Áyax: cuando un soldado dispara.
1. El montaje explora un punto de vista obligado al hablar de la violencia en nuestro país que pocas veces se aborda. En el marco de violencia y desapariciones, el aspecto más visible es la indiferencia de las autoridades. Pocas propuestas, como hace esta, voltean hacia el proceso de deshumanización de las fuerzas armadas y el papel que juegan en este contexto.
2. El espacio escenográfico, compuesto de una tarima como pasarela y un gran telón rojo, remite al espacio físico y emocional donde sucede la violencia. Exige al elenco un constante movimiento y esfuerzo físico para transmitir al espectador la sensación de que no somos simples observadores ante la violencia, sino que ésta sucede en nuestro entorno cercano y no solamente a la distancia.
3. Además de la deshumanización, esta propuesta habla de masculinidades tóxicas, violencia y el silencio cómplice ante la barbarie. Se trata de un trabajo que busca despertar preguntas en el espectador ante una situación que atraviesa a nuestra sociedad en su conjunto.
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Por Óscar Ramírez Maldonado, Foto: Cartelera de Teatro.















