Hay algo que nunca se borra del todo: el salón de clases de primaria. El niño más fuerte del grupo. El más tímido. La niña nueva que observa todo. El recreo como territorio de competencia y alianzas inesperadas, donde cada emoción se vive al máximo. Eso es lo que propone la adaptación teatral de Aníbal y Melquíades, una puesta en escena familiar dirigida a jóvenes infancias, pero con suficientes capas para que cualquier adulto pueda reconocerse en ella.
La obra presenta a dos niños opuestos: Melquíades, el más fuerte de la escuela, capaz de cargar el escritorio de la maestra con ella arriba; y Aníbal, tan frágil que su mamá le lleva la mochila de camino al colegio. Lo que inicia como una relación desigual termina convirtiéndose en una amistad que transforma a ambos.
Bajo la dirección de Bruno Boludo y con dramaturgia de Mario Rendón, esta adaptación del cuento de Francisco Hinojosa, apuesta por el humor, la empatía y la sencillez escénica para hablar de diferencias, inseguridades y crecimiento. Estas son tres razones para verla:
1. El universo de Francisco Hinojosa cobra vida en escena. El sello de Francisco Hinojosa está presente desde el inicio: humor, personajes opuestos y situaciones que conectan con la vida escolar. A través de juegos, competencias y momentos que recuerdan el día a día en la primaria, la obra habla de empatía, confianza y convivencia sin caer en sermones. Las infancias encontrarán situaciones cercanas y divertidas, mientras que los adultos reconocerán emociones y recuerdos de esa etapa escolar que nunca se olvida.
2. El mejor equipo del salón está sobre el escenario. El elenco logra que la historia fluya con naturalidad. Paulina De Lira, (quien alterna con Daniela Bahena) como la niña nueva y narradora, guía el relato y mantiene el vínculo con el público. Mario Rendón Tapia construye un Aníbal entrañable, cuya fragilidad genera empatía sin caer en caricatura. Satchel Lagarda aporta fuerza y presencia a Melquíades, equilibrando la bravura con momentos de humanidad. La química entre los tres hace que la amistad evolucione de forma creíble, regalando momentos entrañables y divertidos.
3. Un universo escolar creado a pulso. El diseño escénico arma un salón de primaria sin sobrecargarlo. Con pocos elementos se construye ese universo donde todo parece más grande cuando eres un infante. La iluminación marca las emociones y delimita cada momento. Por su parte, la música acompaña las travesuras y mantiene el ritmo. Todo suma, sin distraer, manteniendo a las infancias atentas y conectadas.
Aníbal y Melquiades es una obra ideal para compartir en familia y volver, por un momento, a ese salón de primaria donde todo estaba por descubrirse, para más información, da clic aquí.
Por Itaí Cruz, Fotos: Cartelera de Teatro














