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QUE NO SE CULPE A NADIE DE MI MUERTE: Cuando la tragedia abraza la comedia



Por Roberto Sosa/ Que no se culpe a nadie de mi muerte, que no se atribuya a nadie por tener una madre alcohólica, quien no me quiso desde que nací, que lamentó no haber abortado cuando me concibió. Que no se inculpe a mi hermana que es drogadicta y bisexual; o mi abuela, una judía ortodoxa, insensible, racista y clasista. Que no se acuse a la monja en aquel internado para niñas que protegió al sacerdote que abusó de mí desde los 7 años.

Está a punto de quitarse la vida, quizá una llamada por teléfono de la persona que ama la salve. No ha tenido suerte en el amor, buscar un hombre en redes sociales no fue la mejor decisión. Para ella su vida es un total fracaso, el suicidio es la única salida, tiene los arrestos; no lo hará en una estación del Metro, morir electrocutada le aterra, en casa se puede cortar las venas, pero ver mucha sangre no lo soportaría, y si es de ella, menos. Lo que más desea es que no se culpe a nadie de su muerte.

El monólogo lo escribe Humberto Robles desde el humor negro, la fuerza dramática radica en un personaje que está a punto de morir por su propia mano, pero lo cuenta en tono de comedia. Es un texto sólido con un personaje que sabe comunicarse con el espectador, hila el pasado de la protagonista para encontrar los motivos en el presente que la tienen al borde del suicidio.

La dirección es de Sergio Arroyo, su labor es buena, no tuvo problema con la actriz en lograr lo que el texto requería, cuida el ritmo y tono. Sin embargo le faltó trabajar un poco más con la protagonista al momento en que se desdobla con otros personajes, ir un poco más profundo, a las entrañas de cada uno y que desde ahí la actriz los encarnara. La obra abraza la tragedia con la comedia, Arroyo lo proyecta y el espectador lo siente.

La actuación es de Majo Pérez, actriz versátil que sabe pararse sobre un escenario. Su actuación es excelente, habita un personaje complejo que narra su tormentosa y oscura vida; interpreta cinco personajes, matiza y construye a cada uno con su innegable talento. Ella, su madre, abuela, hermana y monja aparecen, viven en ella, le creo. Sin duda es un espléndido trabajo que los asistentes le reconocen con una larga ovación final.

En esta obra la protagonista voltea hacia su pasado, poblado de recuerdos que establecen su presente. Los motivos para atentar contra su existencia habitan en ese pasado que ahora indaga. La fatal decisión podría cambiar si el hombre que ama hace una llamada; salvar su vida depende del timbre del aparato. En este lapso, en soledad, se ríe de la muerte.

El espectador que venga a ver Que nadie se culpe de mi muerte podrá decir que la obra vale el boleto. Majo conecta con ellos, más con las mujeres, se ven en algún momento que la escena refleja. El público no saldrá con la sensación que no valió la pena salir una noche fría para ver este montaje. Majo justificará lo que pagaron por su entrada, les devolverá la fe en el teatro.

Diseño de vestuario, Dora Pulido; iluminación, Sergio Arroyo y Paco Carrillo; música, Emiliano Mancera, bajo la producción de SIAS PRODUCCIONES. Habrá una función especial de Navidad, el jueves 22 con posada, piñatas y rifa de productos especiales.

La obra se presenta los jueves en el Teatro Ofelia hasta el 29 de diciembre, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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