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LA HORA DE TODOS: El desafío de Arreola llevado a la escena



Por Alegría Martínez/ El estreno de La hora de todos une la fascinación de Juan José Arreola, por la ciencia y la tecnología, con la del director Víctor Weinstock, quien se ha especializado en aplicar la tecnología al arte escénico. Elementos como el megáfono y la radio, con que el autor de Zapotlán El Grande, proyectó por escrito el desafío que en 1954 le planteó su propio texto, fueron resueltos por Weinstock mediante una entidad de inteligencia artificial autónoma, el cyborg 1Z4K, que protagoniza la obra del reconocido autor.

La acción tiene lugar en un set televisivo, donde se realiza un programa de concursos, conducido por el Cyborg, llamado Harras, que invita a diversos personajes que han sido parte de la vida de Harrison Fish, y que le recuerdan a este magnate industrial, algunos hechos atroces que ha cometido a lo largo de su existencia.

Una luz brillante enmarca la figura de estos concursantes, que llegan como si procedieran de otra dimensión, al entrar por un acceso que se desliza verticalmente para abrir y cerrar el paso al espacio semicircular cuya decoración en muros y piso ostenta rectángulos y cuadrados en una gama que va de negro a gris.

El Cyborg 1Z4K, creado por Antonio Issac, ubicado en el lateral superior derecho del espectador, mueve los dos brazos rectos de su medio cuerpo, como si fueran batutas que dirigen las escenas de abuso, discriminación, violación, racismo, corrupción y estafa, cometidos por Harrison Fish, quien pierde su pose de exitoso hombre de mundo a medida que observa la representación de sus actos y se da cuenta del grave daño que ha hecho a hombres y mujeres con quienes se topó en su camino.

Algunos radios de antaño y micrófonos que recuerdan el auge televisivo de los años 50, quizá en homenaje al autor de “Confabulario”, además de elementos introducidos por personas vestidas de negro con rostro y cabeza cubiertos, y desde luego la estética y el funcionamiento del espacio escénico, crean un ámbito fuera de lo común, donde los paisajes multimedia, el micro mapping, el diseño sonoro, la voz del cyborg y la iluminación, transportan al espectador al terreno de la ciencia ficción. Ahí, los sucesos y delitos presentados cobran una dimensión mayor a la luz de la actualidad, en la que se siguen cometiendo, tal vez con mayor conciencia general de su gravedad.

La meticulosa dirección de Weinstock acentúa el humor negro, los elementos grotescos y dolorosos de cada episodio, que causan repugnancia, asombro y atracción a un tiempo en torno a cada penosa historia.

Gastón Yanes -quien también presta su voz al cyborg-, en su interpretación del cruel Fish, hace transitar a su personaje de la prepotencia al asombro, el arrepentimiento, la rabia y la toma de conciencia, en una mezcla que se transforma en materia de espectáculo con la miseria humana como asunto medular.

Juan José Arreola (1918-2001), seguramente marcado por la experiencia de generaciones que le antecedieron en torno al momento del balance de la vida, escribió en su autobiografía: “En 1912 nos cubrió de cenizas el Nevado de Colima y los viejos recuerdan con pavor esta leve experiencia pompeyana: se hizo de noche en pleno día y todos creyeron en el juicio final”

La hora de todos que plantea los hechos en la primera mitad del siglo XXI en Estados Unidos, abre la herida del racismo y la discriminación al poner en escena un personaje maquillado al estilo “black face” que invoca una historia de más de 200 años de dolor y agravios.

Por su parte, Federico Tello, quien interpreta a los personajes de Dennis O Hara y de Verónica, representa en su tercer papel, a Joe “Tap tap” Smith, lo que genera una eficaz reacción contrastante entre su enigmático baile de tap, su rostro de exagerada sonrisa inamovible y la narración del suceso abominable del que fue víctima.

Baltazar Morelos, Luly Garza, Víctor Weinstock, Fernanda Albarrán y Fabián Brun, completan el elenco de este montaje que hace posible ver en escena la obra de Arreola con elementos escénicos que hoy harían feliz al autor que en su momento confesó su “pasión artesanal por el lenguaje”, misma que el director cuida y respeta.

Al tiempo en que La hora de todos evidencia el retroceso de la sociedad norteamericana, de la mexicana y el deterioro del ser humano en general, la puesta en escena integra importantes avances tecnológico-artísticos y renueva el debate sobre la participación de una entidad tecnológica inteligente como protagonista de un arte en el que el ser humano es fundamental.

La puesta en escena cuenta con escenografía e iluminación de Jesús Giles, paisajes multimedia, micro mapping, implementación de Cyborg y diseño sonoro Antonio Issac, vestuario Brisa Alonso y producción general de Luly Garza.

La hora de todos es un montaje que disgusta a una parte del público y a otra le fascina. Lo que es evidente, es que se trata de un trabajo profesional, riguroso y coherente, virtudes que es difícil reunir en una propuesta escénica.

Las funciones son de viernes a domingo en el Nuevo Teatro Libanés, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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