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FIERCE/FIERA: Amor propio y vogue contra la ignorancia



Por Mariana Mijares/ En Fierce se combinan varias historias: la de Ce, una activista que recuerda a su madre y quien busca ser amada; la de ‘Bonita’, quien busca su lugar en el mundo, la de activistas como Myrna y Omar, y la de un grupo de adolescentes cuya vida cambia por la desinformación; pero sobre todo, se entremezclan las historias del público…

La obra concebida por César Enríquez y Myrna Moguel que se presenta los lunes en el Teatro Helénico resulta diferente desde el inicio, hay una DJ en vivo (Alina Maldonado) y no sucede en el escenario tradicional del teatro con el público sentado en las butacas de enfrente; la gente es invitada arriba, entre los actores, quienes emplean una larga pasarela negra que les servirá para modelar, para actuar, para reír, para bailar y también para cambiar vidas.

En Fierce, César Enríquez (creador de premiados espectáculos de cabaret como La Prietty Guoman y Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores), co-escribe, dirige y da vida a una protagonista no binaria (pero que se refiere a sí misma en femenino) que vive en Los Ángeles y que ha viajado a México para ser parte de una conferencia de un nombre largo, pero inclusivo (Encuentro Latino de Nuevas Latitudes… equidad… para jóvenes audiencias…) pero que se resume en que es un encuentro que busca hablar de, y desestigmatizar, el VIH.

Desde el inicio, ella se gana a la audiencia al resumir perfectamente el universo de las aplicaciones de ligue, todas con nombres en inglés -porque aparentemente los latinos no saben diseñarlas- y todas favoreciendo “el que la gente pueda coger, bueno, encontrar el amor”. Para crear un perfil hay que ponerle filtro a las fotos que ya tienen filtro, aparecer lejana y con lentes obscuros, con alguna foto en el extranjero -para que te veas viajada- y con una bio suficientemente atractiva para que alguien quiera meterse en tu cama. No olvidar añadir emojis, recomienda.
Apps con Grindr, agrega, favorecen conexiones entre la comunidad LGBTQ+, “toda la comunidad, que no es comunidad, en un mismo espacio”.

Ella está tan concentrada en ligar en el teléfono que por un momento se olvida de la vida real, hasta que explorando un museo conoce a Bonita (Emilio Bastré), quien la cautiva con su percepción de una Crista negra, del arte que mueve, y por cómo alaba a los artistas que conjuntan lo humano con lo divino. En un mundo hostil, lleno de homofobia, racismo y violencia, ella ha encontrado refugio en los espacios de arte como lugares seguros; lo que tiene especial relevancia en esta puesta.

Desde su primer encuentro, el tiempo parece detenerse y vemos cómo se acercan mediante bailes y movimientos que enfatizan los sentimientos que van construyendo. Estas coreografías, de Erika Méndez, se vuelven otro gran distintivo de la obra, una importante forma de expresión que dice tanto como los diálogos.

Y es que para esta protagonista, el baile ha representado pertenencia y salvación, pues explica que el Vogue, -popularizado en la famosa canción de Madonna-, en realidad va mucho más allá como un baile contracultural para la gente que necesitaba salirse de su casa, desafiar los paradigmas y encontrar un espacio seguro para ser quien es.
Las coreografías también se usan aquí para simular fantasías, peleas, y por supuesto, escenas de sexo, en donde Ce y Bonita pueden ser solo ellxs y entregarse por completo.

Durante en el Encuentro sobre el VIH, los tres panelistas: Ce, Myrna y Omar, van compartiendo sus historias, pero también, información relevante sobre la diferencia entre este virus y el SIDA, además de enfatizar que, gracias a los retrovirales de la actualidad, se puede vivir con VIH de manera indetectable; es decir, con una carga viral tan reducida que el virus no se transmite a terceros. Lo que mata no es el VIH, lo que mata es el miedo y la ignorancia.

De manera orgánica, Bonita invita a la audiencia a participar y por eso cada función puede resultar diferente; algunos asistentes podrían preguntar, otros agradecer, y a veces, hasta compartir en público por primera vez su historia de vivir con VIH…

En esta docuficción que tiene elementos reales de cada uno de los integrantes del elenco, además de los iluminadores y asistentes, los personajes subrayan que hay que mantener el amor propio para sobrevivir; nada más cierto. El amor propio ayuda a transitar más fácilmente la vida, y eso: el amor, vaya que puede transmitirse.

Ce y Bonita mencionan que el arte tiene la capacidad de sanar, y esta obra es una gran prueba de ello; porque el teatro puede contribuir a sanar la ignorancia que existe en torno al VIH o a la comunidad LGBT+, pero también, puede sanar el alma.

Ver a artistas que se vulneran sobre el escenario para compartir historias valiosas hace que los espectadores se reflejen en ellas, nos recuerda el poder del teatro, del arte y de lo fierce que resulta solo ser tú…

FIERCE/Fiera se presenta hasta el 12 de diciembre en el Teatro Helénico, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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