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EL CHARCO INÚTIL: Una metáfora estética de dos almas desoladas



Por Alegría Martínez/ Una banca a la orilla de un lago sin patos, donde un profesor retirado y su viejo maestro se encuentran, entre ironías y verdades escritas sobre la arena, remiten al dolor marcado por la pérdida que engulle a dos de los tres personajes plasmados en la obra El charco inútil, escrita por David Desola.

El reconocido dramaturgo, nacido en Barcelona en 1971, también autor de la idea original y coguionista de la cinta El hoyo, indaga en el dolor humano y en los mecanismos que crean una joven madre y un profesor alejado de las aulas, para sobrevivir a pesar del lastre que implica su propia tragedia.

Vinculados por quien años atrás fuera el maestro del ex docente, la mujer que perdió a su hijo y el hombre que dejó su profesión, intentan comunicarse desde un vacío que requieren atenuar de manera urgente.

El texto de Desola expone la imposibilidad de enfrentar el temor, el dolor y las contradicciones que limitan a unos personajes cuya necesidad de acercarse revela con claridad el modo en que se ha desdibujado su existencia.

Mediante paradojas y un filoso humor característico de sus textos, el también autor de la obra Almacenados, plantea a un personaje pivote -construido a profundidad por David Hevia-, cuya indiferencia externa resalta la debilidad del hombre y la mujer que se hunden paulatinamente.

Alberto Estrella y Mariana Garza interpretan al profesor y a la madre. El personaje masculino entra y sale del hábitat creado por la mujer para auto protegerse, y el espacio bajo el cielo, donde dialoga con su maestro de infancia, mientras que el personaje femenino se mantiene la mayor parte del tiempo en la casa donde su dolor crea la presencia inasible de su amado hijo.

Una franja de arena y una banca pública frente al lago, se anteponen a dos habitaciones cerradas cuyo interior quedará al descubierto al deslizarse con suavidad las puertas corredizas que amparan la recámara toralmente azul del hijo ausente y la amarilla estancia-comedor de la casa materna.

Como si la vida y el tiempo de los personajes se detuviera al estar bajo un techo y se dilapidara en el exterior bajo la caída continua de un hilo de arena, Jesús Hernández diseña una escenografía que pareciera atrapar a la mujer y al hombre, al interior de dos monocromías en convivencia, mientras la delgada franja de vida se remite al asiento alargado, también desplazable, que se encuentra al aire libre.

La dirección de Ruby Tagle propone una gozosa experiencia estética que otorga imágenes poderosas. La metáfora que plantea la obra de Desola entre lo inútil de un lago que se extingue, como la existencia de la madre y el profesor, al tiempo en que el personaje del viejo catedrático se deteriora, se proyecta con claridad en el espacio creado por Hernández, que se vincula efectivamente con los sonidos de Leonardo Soqui.

La directora y experimentada diseñadora de movimiento escénico, reúne a un elenco de distinta experiencia escénica que ha brillado individualmente en diferentes ámbitos, a quienes otorga la libertad de crear a sus personajes, por lo que si bien las acciones toman su curso efectivamente, se percibe en algunos momentos falta de mayor complejidad y de un tono unificado que destaque las virtudes ocultas del texto.

La puesta en escena, no obstante, invita al espectador a introducirse en la espiral marcada por la imposibilidad de los personajes, en un espacio que representa plásticamente sus límites internos y destaca la postura en apariencia indolente del tercer personaje, creado por David Hevia, que proyecta poderosamente otra calidad de vida interior, -efectivamente en paulatino deterioro-, traída al presente por el hombre que fuera su alumno.

Galardonada con el premio Lope de Vega 2007, “El charco inútil”, cuenta con la producción de Gang Studios, de sus productores generales Jean Bernard Tenaille y Daniel Blanco, la asistencia de dirección de Rodrigo Caravantes, así como con el revelador vestuario de Jerildy Bosch y el diseño sonoro de Leonardo Soqui que potencia la acción dentro del espacio escenográfico diseñado por Hernández.

El charco inútil, es una experiencia estética en la que el personaje construido por David Hevia, crea frente al espectador la vía para descifrar los pasajes por los que transitan dos almas desoladas.

La obra se presenta de jueves a domingo hasta el 20 de marzo en el Teatro del Centro Cultural Helénico, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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