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ABISMO: Una experiencia inquietante



Por Kerim Martínez/ ¿Te imaginas poder entrar en un mundo virtual donde no existen límites para satisfacer tus fantasías más ocultas? Este dilema se plantea en Abismo, de la dramaturga estadounidense Jennifer Haley, obra que se estrenó con Center Theatre Group en el Kirk Douglas Theatre de Los Ángeles (2013). En total se ha producido en veintiún países y se ha traducido a quince idiomas. Ahora llega a la Ciudad de México bajo la producción de Miguel Septién, Pablo Perroni, Iberia Sound, Nueve, Toca Teatro y Vatru Entertainment.

Se trata de un thriller de ciencia ficción ubicado en un futuro, no muy lejano, donde una detective intenta esclarecer algunos oscuros delitos que están ocurriendo en La Nether (lo que nosotros seguimos llamando Internet). La intrépida mujer interroga a Simms, un hombre poderoso que ha creado un universo virtual llamado “El Escondite” donde promete a sus clientes experiencias sensoriales inimaginables mediante juegos de roles que involucran a niños. La historia (que no revelaremos en esta reseña por los inesperados giros que plantea la dramaturga y que la misma producción solicita que no sean expuestos) se vuelve incómoda minuto a minuto y logra jugar con las mentes de los espectadores poniéndolos a prueba durante la representación.

La detective Morris es interpretada por Verónica Bravo (La metáfora de las aves, Asatia) de una forma convincente que nos recuerda al talante de Clarice Starling en El silencio de los inocentes. Se nota un trabajo meticuloso y comprometido que lleva de la mano al espectador en el juego turbio en el que también se verá involucrado.

El papel de Simms corre a cargo de Pablo Perroni (The Pillow Man, Sólo quiero hacerte feliz), el actor construye un personaje que ayuda a satisfacer los demonios de sus clientes, justificando que así podrán controlar sus instintos en la vida real. Perroni, que actoralmente se muestra seguro en todo momento, se involucra a fondo con este personaje siniestro sin ninguna clase de temores: se deja tocar y también se muestra vulnerable. Es un registro muy diferente al que encarna en la obra 7 años (actualmente en cartelera), donde también sobresale por su interpretación.

Por su parte, José Ramón Berganza (Visitando al Sr. Green, Estúpida historia de amor en Winnipeg) engalana la escena y le da vida a un personaje misterioso lleno de dudas que tiene mucha importancia con uno de los giros finales de la obra. Destacan sus escenas con Iris interpretada por Leo Danse Alós con quien logra una importante conexión que ayuda a la verosimilitud de la historia.

Mientras que, Sergio Zurita (3 días en mayo, El misántropo) encaja muy bien en Doyle, un cliente frecuente de “El Escondite” de Simms; el actor recurre al patetismo para dar vida a un personaje que parece estar muy afectado en todo momento.

Es de aplaudir la dirección de Miguel Septién (Nación primordial, The Pillowman) porque logra contar una historia sórdida de una forma elegante y contenida sin cruzar nunca la delgada línea del morbo. Lo mejor de su trabajo se resalta en la comunicación que tuvo con Leo Danse Alós. Es difícil ver en teatro niños y niñas que resulten convincentes en su actoralidad; con esta joven actriz el director logra un trabajo bordado a mano y muy sutil que hace que ella destaque y que se muestre firme en el escenario a pesar de su corta edad y de lo truculentas que puedan resultar algunas escenas.

Existen tres elementos que buscan crear una experiencia inmersiva en el público. El primero es el uso de distintos olores a lo largo de la representación. Este elemento puede gustar o no dependiendo de la sensibilidad olfativa que cada espectador tenga. Después tenemos los efectos sonoros que acompañan a los actores casi en la totalidad de la puesta. Y el tercer elemento sería la utilización desmedida de estrobos para diferenciar que existen dos escenarios (la sala de interrogatorios o mundo real y el universo virtual victoriano creado por Simms).

El director podría prescindir de estos recursos al confiar en un elenco de primer nivel que con sólo sus actuaciones sería capaz de estimular la imaginación de los espectadores de una forma menos invasiva. Sin embargo, se entiende que un público joven y con poca experiencia pueda sentirse atraído por una propuesta de este estilo. Hace que el espectador se estremezca en sus butacas, piense, reflexione, se inquiete y se ponga en el lugar de los personajes.

Abismo es sin duda una obra que el público mexicano no debe perderse, nos recuerda a situaciones muy al estilo de la serie de Netflix, Black Mirror, da una perspectiva de un futuro cercano que llama la atención, pero que al mismo tiempo aterra y genera cierto agobio. Aunque no tiene ninguna escena violenta, es una puesta en escena que resulta perturbadora pero también necesaria de ver, se tiene que hablar de ella para no dejar de poner sobre la mesa temas tan actuales y escabrosos como los que este texto propone.

La obra se presenta de viernes a domingo, hasta el 6 de noviembre en el Teatro Milán, consulta horarios, precios y descuentos, aquí.

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