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OTRAS HISTORIAS: Valiosa invitación a la presencia y la escucha



Por Alegría Martínez/ El público es recibido por la actriz desde un sofá ubicado al centro del escenario, acompañada por un guitarrista que observa desde su silla. Ataviada con pantalón oscuro, blusa floreada y zapatillas negras, Laura Almela sonríe, saluda y pide a las personas que se acerquen.

En esta ocasión, espera a los espectadores una mujer de teatro que ha dedicado su vida a construir personajes con rigurosos directores de escena. Y así, despojada de caracterización, vestuario y maquillaje, la también maestra de actuación, comienza a hablar en primera persona de un hombre que despierta de noche bañado en sudor y decide salir del mesón donde se hospeda, a pesar de las señales que le advierten no hacerlo.

Las palabras emprenden su viaje en la voz de quien ha participado en más de 70 puesta en escena. Experta en imaginar, en dotar de significado cada frase, en proyectar, en pronunciar con exactitud, en darle color y forma a personajes, lugares y sonidos, Laura Almela inicia con El ramo azul, cuento de Octavio Paz.

El silencio y la escucha abrigan los destellos de terror sosegado que del cuento emanan. La voz dulce del personaje amenazante resuena en el escenario. La lectura solitaria del cuento no se compara con la oportunidad de escucharlo en vivo, pleno de matices, en compañía de personas que sin mirarse unen su emoción en silencio.

Como si se tratara de cruzar un río de montaña, el grupo en busca de aventuras percibe desde su butaca los remolinos, los huecos, las olas, la corriente que la actriz-guía sortea. Ya en agua calma, al término de cada historia, surgen las notas de guitarra.

Finalizada la nítida interpretación de la primera pieza a cargo de Juan Manuel Tavares, que interpreta “Suite #1, Preludio para violonchelo de Bach”, Almela se dirige al público.

La actriz comparte la motivación que le impulsa a presentar Otras historias, su necesidad de hacer un ejercicio distinto, lejos de formar parte de una obra, de la estructura que implica hacer un personaje como Lady Macbeth, por ejemplo, de la labor de memorizar meticulosamente el contenido de un texto dramático.

Almela confiesa que esta vez carece de los elementos que protegen al elenco, de la llamada “cuarta pared”, que se expande más cada día. Se trata también de un trabajo propio, de un ejercicio que evita la mecanización actoral, externa y menciona el antiguo y generalizado olvido del público, que es en realidad -enfatiza-, lo primero en lo que se requiere pensar en el teatro.

La invitación a soñar, a la posibilidad de conocer vidas, historias, mundos, la apertura y sencillez de Almela, al comentar que si necesita recordar algo acudirá a los libros y hojas sueltas que tiene junto a sus lentes, disponen a la audiencia a pasar un buen rato, a dejarse llevar por una experiencia en libertad para personas y primera actriz.

El machete, elemento presente en el cuento “El hombre muerto” de Horacio Quiroga, destella en la mente de quienes escuchan el suceso iniciado una tarde en el bananal. El tiempo cobra otra dimensión mediante las reflexiones del personaje que mira por primera vez en posición horizontal el conocido campo, el techo rojo de su casa y la silueta inmóvil de su caballo, hasta que el animal es sacado del pasmo al oír el grito familiar que espera a su dueño cada tarde.

Notas sonoras de obras creadas por Villalobos, Moreno Torroba y Gaspar Sanz, entre otras, emergen de la guitarra de Tavares al final de cada cuento. El puente apoya el cierre narrativo e introduce una nueva historia.

Almela, quien diera vida a la impetuosa Rosa Turnaffé en Belice, de David Olguín, al único y polémico personaje femenino en Cuarteto de Heiner Müller, que dirigiera Ludwig Margules, a la ama de casa que interpretara Sofía Loren en Una jornada particular, titulada en la versión teatral Trabajando un día particular, a Theodore el mezquino hombre de La belleza, entre numerosos e inolvidables personajes, se desenvuelve con soltura a medida que avanza la acción de los cuentos, a los que imprime su voz característica.

La protagonista femenina de “Un paseo por el campo” desata su deseo, rompe barreras y el público percibe en su bocanada de libertad, la zozobra que le impulsa a retomar en sentido opuesto el camino andado. El rigor mecánico del padre, la ilusión de la hija, la determinación del joven Fred, su fracaso que es salvación, la historia se adentra en el imaginario de espectadores vinculados a la actriz, al suceso que toma su lugar en terreno nuevo.

Una pareja añosa en falsa búsqueda de recuperar lo marchito, forma parte del siguiente cuento, que va de la sorpresa al sarcasmo, a la crítica, y la venganza para retornar por el mismo viejo sendero con una nueva experiencia. La voz de la actriz, que perfila con precisión a un personaje femenino exasperante, detona la risa, las ganas de que le vaya mal, que en algo se cumple.

“El desván” de Saki, seudónimo del autor inglés Héctor Hugh Munro, cierra la velada con la revancha del niño Nicolás, que aventaja en lecciones de vida a su tía, con humor, ironía e inteligencia.

Así cierra una noche cálida, íntima y valiosa, enriquecida por una gran actriz y un destacado músico que obsequian historias sujetas a una realidad abierta al espacio al vuelo.

Otras historias se presenta los lunes hasta el 1 de noviembre en el Teatro El Milagro, consulta horarios y precios, aquí.

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