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Fotos: Wikipedia/ El Teatro de la Reina, una sala que raramente recibe público, construido por María Antonieta en Versalles , nunca deja de renovarse con o sin pandemia.

Construido por Richard Mique, arquitecto de María Antonieta,  entre junio de 1778 y julio de 1779, es el único en Francia que conserva una tramoya del siglo 18 en estado de funcionamiento, fue preservado por la Revolución, que lo consideró carente de valor y que en los últimos 240 años, ha sido muy poco utilizado.

“Este teatro es un milagro de conservación. En la segunda mitad del siglo 18 existía una verdadera teatromanía, y cualquier gran empresario o príncipe instalaba una teatro en su residencia, pero todos han desaparecido”, afirma a la AFP, Raphaël Masson, conservador jefe del Patrimonio de Versalles, refiriéndose a esta joya patrimonial disimulada en los jardines del Petit Trianon, y lugar secreto de María Antonieta.

Durante la crisis sanitaria, que impidió las visitas guiadas o escolares, conservadores y artistas se han dedicado a reproducir el telón del escenario, que estaba muy dañado, así como completar los fondos de los decorados de este teatro-museo.

Como el telón original fue vendido tras la Revolución, el lienzo que es una copia del telón “ha servido bajo el Imperio, fue repintado en la Restauración, y vuelto a repintar bajo Louis-Philippe. Ya estaba bien consumido y era absolutamente necesario conservar este testimonio auténtico” explica el conservador.

En tiempos de María Antonieta, la sala podía acoger hasta a 250 espectadores, tiene tres decorados que representan un interior rústico, un bosque y el templo de Minerva, el más antiguo decorado teatral completo del mundo (1754). Pese a su restauración en 2001, nunca ha sido puesta en regla para ejercer su vieja función histórica. “Hay un concierto cada dos años, y estamos tan contentos de escuchar las notas de música surgir en ese teatro” recuerda Masson.

Mientras que los decorados son del siglo 19, pero funcionan según un principio habitual en el siglo 18, con un cambio de decorado “a la vista”, es decir, con el telón levantado y ante la mirada del espectador. Los bastidores que sostienen los decorados se deslizan sobre unos rieles, en un flujo y reflujo que ofrece al espectador una impactante perspectiva. “Son los efectos especiales del siglo 18” precisa Masson.

Gracias a los inventarios, los conservadores tratan de reconstruir un cuarto decorado de repertorio, “la plaza pública”, del que apenas quedan los frisos y un bastidor. Y van a intentar también reconstituir una tramoya de época que permite que resurja de una trampilla el decorado de un árbol.

“El teatro no puede ser explotado de forma habitual, pero esperamos que termine la crisis sanitaria para volver a mostrarlo al público”, finalizó Raphaël Masson.

Con información de AFP

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