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Cosas raras: Una obra dolorosa con guiños de humor negro



 Por Roberto Sosa/ Extrañas, que sucedieron durante su niñez. Su padre les ocultó la enfermedad de su madre; la ausencia marcó a los dos hermanos. En su temprana edad enfrentaron situaciones que no entendían, los adultos se comportan de forma anormal, lo cierto es que no tenían una familia “común”, con papá y mamá cuidando de ellos. Papá se guardó la verdad: ¿qué pasó con su madre…? ¿A dónde se iba cuándo estaba ausente…?

Una puesta en escena entrañable, el eje temático es la niñez, etapa determinante en la formación de un adulto; la obra explora sentimientos y emociones de dos hermanos solos en su infancia, y la transición a la vida adulta, ahí donde habitan recuerdos que hablan del padre ausente, el vacío emocional y la incertidumbre de no saber en dónde se encuentra su madre. El relato inicia en el período más significativo y trascendental del ser humano.

De Luis Enrique Gutiérrez Ortis Monasterio (LEGOM), Cosas raras regresa al escenario, cabe recordar que la primera temporada contó con las actuaciones de Olivia Lagunas y Adrián Vázquez, bajo la dirección de Hugo Arrevillaga. En esta temporada Adrián se baja del escenario y toma la dirección; la puesta en escena tiene su sello particular, su forma de ver y hacer teatro; no caben las comparaciones, son procesos y miradas distintas.

El texto de LEGOM está escrito desde su peculiar manera de crear personajes, a los dos hermanos la vida no les sonríe; los protagonistas nacen y crecen de espalda a la fortuna, material y espiritual. Desde este sitio el autor se sumerge en lo más oscuro, recorre los entresijos de los protagonistas; para que el relato no sea muy denso, lo crea con guiños al humor negro. La dramaturgia de LEGOM, duele pero nos hace reír.

Las actuaciones son de Lariza Juárez y Carlos Patrick Casanova, dos espléndidos actores comprometidos con su labor, encarnan a los dos hermanos y se desdoblan en más personajes que aparecen en la historia. El escenario está desnudo, una banca es el único elemento que tienen de apoyo para narrar la historia, gracias a su buen desempeño, el espectador despliega en su imaginación todo lo que acontece en el relato.

La puesta en escena es entrañable, toca los sentimientos de los asistentes. La niñez es una etapa determinante en la formación de un adulto, lo que viven los hermanos subvierte al público, lo atraviesa. Los personajes le hablan al espectador de su niñez para acompañarlos en su soledad, incertidumbre y carencia de afecto, circunstancias que los unen en la vida adulta.

Cosas raras le mostrará al espectador una obra bien lograda, recargada solo en las actuaciones, sin la parafernalia escénica. El teatro independiente no cuenta con los recursos suficientes para un montaje con gran producción, a cambio está el buen trabajo del equipo creativo; cuenta con un texto poderoso, buena dirección y excelentes actuaciones, el resultado es una puesta en escena que al final el público agradece.

Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio ganó con, Cosas raras, el Premio Bellas Artes de Obra de Teatro para Niños 2016. La obra forma parte de la residencia de la compañía Los Tristes Tigres en el Foro Shakespeare.

La obra se presenta los viernes y sábados de diciembre y ofrecerá una función especial el domingo 26 en el recinto de Zamora 7, consulta horarios y precios, aquí.

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