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MEMORIA DE PEZ ROJO: La fragilidad del ser humano ante la presencia del otro



Fotos: INBAL

Por Irene Repeto/Los peces parecen estar dando siempre besos por la forma y el movimiento de su boca. Son unos provocadores y resulta fácil enamorarse de ellos. O ser su amigo. El personaje de Manuel Ballesteros, un humorista fracasado, entabla una fuerte amistad con Euclides, un pez feliz que no se aburre dentro de su pecera gracias a su increíble capacidad de asombro. Es feliz quien olvida, quien no sabe nada.

Ballesteros nada y nada. Se calza sus googles, su gorro rojo y nada más. Cree necesario estar desnudo ante Euclides para poder hablar con él a un mismo nivel, sin jerarquías. Eso es la amistad, ¿qué no? El pececillo norteño y el cómico con el récord de menos risas en una función juegan al ajedrez, escuchan música y, lentamente, se fusionan el uno con el otro hasta que resulta difícil distinguirlos.

Versiones de la mítica canción Bésame mucho arropan la puesta en escena, que respira aires vintage y de melancolía, en el cual una canción transporta a una historia, esa historia a una persona, y esa persona a cualquier momento de un pasado que fue mejor.

Ballesteros, bailarín sonorense con una larga trayectoria, cabaretero y actor, protagoniza la reposición del monólogo escrito por José Alberto Gallardo y dirigido por Jaime Camarena. El resultado de la unión de la experiencia y las tablas de Ballesteros con la dirección de Camarena, dan como resultado un unipersonal fresco, directo y entrañable.

La poesía del lenguaje corporal y de movimiento apoya la puesta en escena, y consigue que el espectador olvide en ciertos momentos en que la palabra es la única manera con la que el actor comunica en el escenario.

El cuerpo de Ballesteros se presenta ante el espectador de manera completa, cargado de historia y de humor, como un lienzo sobre el que la memoria de un artista fracasado va dejando plasmado su pasado. Pero Ballesteros no consigue tener el mismo récord que su personaje, porque todos nos reímos del fracaso del otro, de la tragedia de nuestro vecino. Y sí, el espectador se ríe del fracaso del personaje, pero de la comedia del actor.

Aunque en momentos el ritmo decae y la historia no lineal puede provocar que el espectador se distraiga, Memoria de un pez rojo conmueve por su honestidad y porque  recuerda la fragilidad del ser humano ante la presencia del otro.

El mon­ta­je está a car­go de la com­pa­ñía A poc A poc, di­ri­gi­da por Jai­me Ca­ma­re­na y se pre­sen­ta en el Tea­tro El Gra­ne­ro Xa­vier Ro­jas del Cen­tro Cul­tu­ral del Bos­que, hasta el 20 de agos­to.

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