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CACHORROS: Brutalidad brillante



Fotos: Kerim Martínez

Por Kerim Martínez/ Se dice que las personas fanáticas de los deportes no van al teatro y viceversa. Son dos mundos totalmente opuestos pero de vez en cuando se cruzan y pueden coexistir en armonía. Tal es el caso de Cachorros, una obra de teatro que hace referencia al que muchos llaman el Rey de los Deportes: el beisbol.

Nueve obras de teatro integran el 1er Festival de Dirección Emergente organizado por Casazul Artes Escénicas Argos. Alumnos de la primera generación de la Carrera de Dirección Escénica trabajaron como proyecto final de tercer semestre los siguientes textos: El censo de Emilio Carballido, El reencuentro de Hugo Luna, Corazón suplementario de Héctor Mendoza, El viaje de Alma de Leslie Aldana, Etiopía de Mariana Razover, Aviones de Manolo Díaz, Instantes (adaptación de María José Caballero) basada en L’instant de Guerlain de Carlos Córdova Rivera, El café está listo versión libre de Antes del desayuno de Eugene O´Neill y Cachorros de Javier Malpica.

Mario Heras dirige la comedia Cachorros, una historia que se sitúa en Chicago y tiene como referencia el caso real de Steve Bartman, un integrante del público que agarró la pelota de beisbol en el sexto juego de la semifinal del Campeonato de la Serie Mundial en 2003. Los protagonistas son cuatro aficionados de este deporte: Ray, Nick, Fred y Tony. La obra sucede adentro de un coche viejo donde Ray trata de convencer a sus amigos para que lo ayuden a cumplir una venganza y así librarlo de una supuesta maldición. Los jóvenes dudan de Ray y durante cuarenta y cinco minutos discutirán los pros y los contras de hacer lo que él les pide.

En la puesta en escena, todos los actores están conectados y crean cuidadosamente relaciones tan entrañables que hacen que el espectador se olvide de que está viendo una obra de teatro. Hay poco movimiento escénico, dado que desde el texto se pide que los personajes estén dentro del coche. Sin embargo, el montaje es muy atractivo, el movimiento real se encuentra en la propia dramaturgia y en la acertada lectura que el director hace de la obra. El resultado final: actuaciones verosímiles e interesantes.

Marcos Duarte (Grullas blancas), Guillermo Jair (Contrasujeto), Mauricio Pérez (Sólo por preguntar) y Javier Oliván (Incendios) interpretan personajes peculiares que representan tipologías fácilmente reconocibles en la sociedad actual, muy simples (o básicas) en su forma de ser pero esto mismo hace que el reto actoral sea mayor: construyen hombres heterosexuales torpes, algo brutos e infantiloides, ignorantes y apasionados por el deporte. Los cuatro actores salen victoriosos; nunca dejan caer el ritmo y logran dibujar sonrisas en los espectadores mientras viven intensamente la trama. Al final de la obra aparece un quinto personaje interpretado por Galo Balcázar (La paz de Aristófanes) que a través de un divertido monólogo sentado en una silla (ya fuera del auto) explica lo que pasó con el grupo de amigos.

El texto de Malpica (Papá está en la Atlántida, Cosas que los adultos no pueden entender) llama la atención por su sencillez y por la manera desparpajada de lanzar los diálogos. Mario Heras realza la dramaturgia con una dirección limpia y precisa enfocada en el lucimiento actoral. Se nota mucho trabajo y un fino cuidado en los detalles y acciones físicas.

El director propone una escenografía simple pero muy atractiva: una tarima inclinada con cuatro asientos empotrados, un volante, un espejo retrovisor y un par de faros que simulan la carcacha de la que tanto se burlan los personajes. Se agradece que la obra no esté musicalizada (sólo cuenta con pocos efectos de sonido) para así evitar la manipulación emocional del público; cualquier sentimiento en ellos es provocado por los intérpretes. Heras diseña una iluminación funcional con pocos cambios pero todos realizados en momentos adecuados para el desarrollo de la historia.

Cachorros es una obra vigente que habla de lo fácil que es ir por la vida culpando a los demás de las decisiones que tomamos. En palabras del director: “Va de cómo vivimos en una sociedad en la que es perfectamente legal culpar al gobierno, a la escuela, a la falta de oportunidades, a los papás, a la vida misma. Todo por no asumir la responsabilidad de vivir”. Vale la pena adentrarse en este tipo de teatro, desenfadado y nada pretencioso, donde lo que de verdad importa es que el cuento pase a los espectadores y que salgan satisfechos.

Las funciones son en CasAzul hasta el 3 de marzo, consulta precios y horarios, aquí.

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