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Por Mariana Mijares, Fotos interiores: Cortesía Icunacury Acosta/El zoológico de cristal tiene varios atributos: un texto clásico de Tennesse Williams (no tan conocido en México); una escenografía de Jorge Ballina; un elenco que incluye a Blanca Guerra, Adriana Llabrés, Pedro De Tavira, David Gaitán o Mariano Palacios; y todo coordinado por un joven, pero experimentado director: Diego del Río.

Platicamos con Del Río sobre su visión para este montaje; con David Gaitán (‘Jim’), quien recientemente participó como actor en Esto no es Dinamarca y como director de la ópera Satyricón, y con Adriana Llabrés, (‘Laura’) quien más adelante aparecerá en la serie biográfica de Selena y estelarizará en Pursuit of Andromeda en el próximo Edinburgh Fringe Festival.

Diego, Blanca Guerra ha contado que soñó hacer este proyecto desde hace varios años, ¿cómo te sumó a ti y qué te atrajo de este texto?

Diego del Río: Hace dos años que hicimos La Gaviota, Blanca me dijo que tenía la ilusión de hacer a ‘Amanda’ (la matriarca de El zoológico de cristal); se había dado cuenta hace como 15 años viendo un montaje en Londres, donde descubrió que era un personaje que algún día quería tocar. Entonces me metió la cosquillita de releer la obra -que había leído ya en la escuela, pero la verdad no la había alcanzado a dimensionar-. Cuando finalmente la leí en su versión original, me encontré con un material que me movió, me conmovió y me emocionó muchísimo. Me dolió mucho el personaje de Laura, también el de Tom y me parecía que daba muchas posibilidades para jugar.

Me gustó especialmente que, aunque claramente es una obra en donde la psicología de los personajes es realista, Tennessee Williams da una licencia poética con esto de ‘esta obra es una memoria’ como para poder -justo- explorar, investigar y diseñar algo con más juego que el típico realismo norteamericano.

Háblanos de este gran elenco, habías trabajado ya con Blanca y aún en más ocasiones con Adriana…

Diego: Esta es la quinta obra que Adriana y yo hacemos juntos, y me parece que ella hace un trabajo muy sutil, muy delicado y muy complejo porque es un personaje que fácilmente puede irse como a la caricatura o a ciertas facetas que volverían no verosímil la condición de esta mujer. Para mí trabajar con Adriana es muy estimulante porque tenemos una complicidad única, nos leemos, y nos conocemos muy bien…

En ese sentido, ¿no se vuelve un poco más complicado, o incluso doloroso, llevarla al punto tan difícil que requiere este personaje?

Diego: Al contrario, es muy emocionante porque nos conocemos tanto que ya sabemos cómo funcionamos; yo ya sé qué notas tocar con ella y tenemos un gran nivel de confianza y comunicación. A veces ya ni nos decimos nada, no necesitamos hablar; nos leemos muchísimo. Es algo muy único y estoy súper emocionado con lo que ella está construyendo, con lo que hemos construido todos, y lo que pasa finalmente con el público.

Con Blanca también ha sido muy padre, porque la mamá que ya nos había tocado hacer juntos era un persona completamente egoísta e incapaz de mirar a sus hijos; narcisista. Esta mujer, ‘Amanda’, es lo opuesto; se desvive por los hijos y tiene un gran miedo y una gran preocupación, entonces pudimos trabajar otro nivel de fragilidad. La obra tiene además un enorme nivel de comedia y mucho de eso recae en el personaje de ‘Amanda’. Creo que Blanca está haciendo algo que pasa por un arco muy interesante. Justo ella y yo hablamos mucho de los contrastes entre una escena y otra.

¿Y cómo fue el trabajo con los actores?

Diego: Con Pedro de Tavira es la primera vez que trabajo y ha sido muy padre encontrarme con un actor que tiene mucha profundidad, mucha capacidad y que realmente le interesa entrar al juego. Es un actor inteligente y he disfrutado mucho este proceso con él. Y después el binomio David Gaitán – Mariano Palacios, que es muy interesante porque son polos opuestos; o sea, cuando vengan a ver la obra con Mariano cambia completamente y los matices del ‘Jim’ que construye son completamente diferentes al de David. El trabajo de David me encanta; lo admiro mucho desde siempre como director, como dramaturgo y me encontré con un actor muy inteligente, muy presente, y súper generoso…

¿Por qué decidiste alternar entre David y Mariano?

Diego: Porque David fue de los primeros que se me ocurrieron; o sea, Blanca me convoca y juntos dijimos: a Laura la tiene que hacer Adri (los tres estuvieron en La Gaviota) y después se me ocurrió David; no sé, algo veía en él de este personaje. Pero David tenía unas funciones que justo se empataban con las de nosotros y entonces invité a un alternante muy distinto para que la experiencia fuera todavía más interesante y que el otro actor le diera otra óptica.

Ellos son opuestos, como decía, pero se han alimentado entre ellos; son súper generosos y los ensayos fueron con los dos: pasaba uno y luego el otro. Mariano le da una cosa al romanticismo de Jim increíble y entonces con él adquiere mucho peso el tema del símbolo; el personaje es realmente un símbolo para el narrador. Y con David el personaje tiene otra dimensión; un tipo que ya se decepcionó de la vida, que tenía todo pero ‘¡pum!’ no llegó, hay cierto fracaso… Ha sido bien padre esa construcción.

¿Cómo ha sido para ti, David, alternar el personaje?

David Gaytán: Estrené la primera semana, luego hice la temporada completa (de tres semanas) de Esto no es Dinamarca, después estuve como director una ópera -que dio función en el CENART- y después regresaré a las tres últimas semanas de la obra…

Tienes además un personaje muy bonito: Jim, un joven que ayuda a Laura a ‘conectar’ con el mundo exterior…

David: Sí, Jim es un personaje muy noble; para cuando entra a escena -en el último tercio de la obra- se ha hablado tanto de él, se ha depositado tanta esperanza, y hay tanta expectativa, que resulta muy noble de actuar en el sentido de que ya hay una noción sobre él. Casi como si el público lo conociera, y eso da un rango de acción particular. Normalmente cuando entras a escena es para que el público conozca a tu personaje, una presentación en la que la audiencia va conociendo a quien haces conforme se va desarrollando; pero en el caso de Jim, ya tiene cierta ventaja y eso lo facilita mucho. Como actor, rebotar con esa expectativa del público es un juego muy interesante, divertido y generoso.

Adriana, tu personaje es, probablemente, el más difícil de la obra…

Adriana Llabrés: Además ha sido el más difícil, yo creo, de todos lo que he hecho. Es un personaje muy complejo. Yo hice una escena de Laura con Jim en la escuela hace mucho tiempo, cuando estudiaba en Nueva York. El primer bimestre tenía que hacer esa escena, y no tenía ni idea, pero estudié muchísimo y le eché muchísimas ganas, pero para mí en ese entonces Laura era solo un niña que cojeaba… para prepararla tuve que meterme y clavarme muchísimo en la vida de Tennessee Williams; en el contexto histórico, en la música, en St. Louis, Misuri.

Ahorita ya con años de experiencia -y no sólo en el trabajo sino en la vida-, pude entender lo difícil que es El zoológico de cristal. Para empezar, Laura es una chava que sabes que cojea y que tuvo pleuritis; pero también está el contexto de lo que le pasó a la hermana del propio Williams: una chava que fue diagnosticada con esquizofrenia porque atacó al papá con un cuchillo y la metieron a una lobotomía frontal aprobada por la mamá; por lo cual Tennessee nunca la perdonó. Tenía un vínculo muy fuerte con su hermana.

Fue algo que tuve que fortalecer muchísimo en esta obra, además de jugar con esos datos de la cojera, y que le cuesta trabajo respirar cuando se pone nerviosa. Es una chava que tiene 24 años y que juega con figuritas de cristal, que nadie nunca le ha agarrado la mano. Tenía que entenderla psicológicamente y con todo esto que te conté, también había que tomar en cuenta que era una persona normal. Laura tiene una energía muy diferente a todos los personajes que he hecho y no es para nada como yo. Y es complicado hacer que esa energía viaje en un teatro como este; si fuera cine o tele hubiera sido mucho más fácil transmitirlo, pero hacer que ese nivel de presencia se comunique, fue mucho trabajo corporal y vocal…

Justamente el trabajo vocal, se nota requiere un esfuerzo importante…

Adriana: Sí, sí la trabajo mucho, o sea Laura es muy diferente a mí, ¡pero la quiero mucho…!

Tienes además la fortuna de ser una actriz joven que interpreta con frecuencia a personajes femeninos que destacan por algo más allá de su belleza…

Adriana: Gracias. A Laura la describen como bonita, pero no es lo que la define; además, con una mamá como la que tiene, se va a ver bonita pero nunca llenará la expectativa de lo que su madre quiere que sea; porque quiere que logre otras cosas, como casarse. Incluso la escuela de negocios no está entre sus planes, y creo que de eso va mucho la obra: de la libertad y el reconocimiento a la esencia propia y la responsabilidad que tenemos de llevarla a cabo, porque toma muchas agallas hacerte responsable de ti mismo y de lo que quieres. Es mucho más fácil hacer lo que el sistema dice, aunque por supuesto te va a llevar a ser infeliz. Lo otro toma muchas más agallas, pero es algo que hay que hacer; creo que si todos lo hiciéramos, seríamos mucho más felices y nos trataríamos mejor.

¿Cómo ha sido para ti volver a trabajar con Diego? Nos contaba que es su quinta obra juntos…

Adri: Sí, de hecho empezamos en el Trolebús de la Condesa hace muchos años, fue mi primera obra en México con él. Ha sido como una cosa paralela, tenemos una relación personal: somos amigos, pero como que en los últimos años realmente sólo convivimos cuando estamos trabajando en el mismo proyecto, porque los dos estamos intentando hacer cosas por nuestro lado. Es padre encontrarnos de nuevo en diferentes lugares de nuestras vidas y de nuestras carreras. Es además mi cuarta obra con Blanca, casi seguidas. Hay algo padre de trabajar con gente con la que ya has trabajado porque, por ejemplo con ellos dos, hay una relación fuerte de mucho cariño y de mucha admiración y respeto; que creo que es necesaria, y sobre todo, para algo creativo.

Diego, ¿podrías hablarnos de tu concepto para la escenografía? del talentoso Jorge Ballina, con quien además ya habías colaborado en Rent…

Diego: Sí, con Jorge es mi tercera obra; es un colega con el que disfruto mucho trabajar, siempre lo digo, pero es uno de mis colaboradores de los que más aprendo siempre. Disfruto muchísimo el proceso con él porque hacemos una investigación muy profunda, hablamos mucho, vemos mucho material juntos. Con Rent fue larguísimo -con ésta no fue tan larga- pero cuando finalmente llegamos a un objetivo y vamos explorando ese camino, es una colaboración padrísima…

Siempre siento que las escenografías nacen de la necesidad de lo que queremos decir en escena; el espacio está pensado para lo que queremos narrar y también muy pensando para los actores, porque realmente a mí, es lo que más me importa del teatro.

Hablando ahora del subtexo, de los mensajes de obra; tiene elementos pertinentes como el hablar de la codependencia; de las expectativas que los demás -tu familia, o tus amigos- ponen en ti, además de nuestras propias exigencias… También el tomar la fuerza de perseguir un sueño en contra de ‘lo establecido’…

Diego: Tal cual creo que acabas de enlistar los temas que para mí son los principales; creo que justamente la vigencia de la obra tiene que ver con que las familias siguen siendo iguales -y por más que esta obra se escribió hace más de 70 años-, las madres siguen siendo las mismas; los hijos seguimos siendo los hijos.

No sé si lo lograste percibir, pero creo que hay una identificación especial en los jóvenes -ya me siento ruco diciendo: los jóvenes- pero sí. Por ejemplo, al ensayo general vinieron muchos alumnos de Casa Azul y de la ENAT, y en un momento dije: ‘Claro, ellos tienen la edad de los personajes, entonces están entendiendo a un nivel muy importante la relación con la madre y la relación con el amor’.

También es una obra sin ‘villanos’, todos son seres humanos con miedos y anhelos…

Diego: Sí, algo que a mí me gusta de estos personajes es que no hay buenos ni malos; todos tienen razón desde su lugar en este mundo. El miedo de la mamá es legítimo y admiro mucho a ese personaje: alguien que sacó adelante a sus hijos, sola, en un momento en donde vino no de la opulencia del sur, porque revisando la historia, a ella le toca la colita de eso; más bien sus papás fueron quienes lo vivieron. La abolición de la esclavitud hace que quiebre Misisipi, pero ella de alguna manera crece en medio de eso; de ese ‘idilio’ de vida, esa fantasía. No tiene ninguna preparación académica y aun así saca adelante a estos hijos, que son difíciles; y una hija con una discapacidad emocional muy fuerte.

David, ¿Cómo convencer a la gente para que siga yendo al teatro?

David: Creo que ese convencimiento del que hablas tiene que ser elocuente a través del trabajo mismo. Convencer a alguien que haga algo sin de facto hacerlo, está un poco destinado a fracasar; como si te intentaran convencer de comprar algo.

El argumento debe venir de la experiencia misma de la puesta en escena. Creo que cuando la obra ocurre -valga el abstracto-, el espectador automáticamente la recomienda. Cuando a esa persona que te recomienda algo no le representa un beneficio, es mucho más poderoso; el famoso ‘de boca en boca’. El modo de convencer es trabajando con rigor, siendo sensibles, teniendo una oreja en el mundo y en la sociedad; en lo que queremos, lo que tenemos, y lo que nos falta, para poder hacer obras que se comuniquen fácticamente con el espectador que asiste; y si ocurre, entonces habrá temporadas llenas. Porque si a una obra le va bien, es una posibilidad de que a otra también le vaya bien…

¿Por qué les gustaría que la gente venga a El zoológico de cristal?

Diego: Porque creo que vale la pena el trabajo, porque son actores que -me consta- se entregan con todo lo que tienen; porque la historia es pertinente y porque es muy divertida también; tiene mucho humor, la gente se ríe muchísimo. Y hay muchos tipos de risa ¿no? Aquí, hay la risa de ‘¡Ay esta señora, que bárbara!’ Y también está la risa de ‘¡Ay qué horror!’. Me gusta escuchar esas risas cuando son nerviosas. Pero lo que sí, lo hemos comentado tú y yo antes, realmente creo que si el teatro no te da algo, que si no te pasa nada cuando vas, no vale la pena. En cambio, si tú vas al teatro y te mueve: te hace pensar, te hace reír, te emociona, entonces se cumple el círculo. Y con las funciones que llevamos de El zoológico de cristal se cumple el círculo; la obra le habla a la gente hoy.

Adriana: Porque es una obra muy divertida y porque da buenos temas para platicar en la sobremesa. Sobre todo, porque en su comicidad también maneja una profundidad que te hace pensar. Y como en todo lo que hago, espero que eso haga cambiar un poquito a alguien; si es que algo no está bien en sus vidas…

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