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TODO: Después de NADA



Por Luis Santillán/ “Mis personajes no saben si tienen otras opciones. La sociedad moderna habla sobre la libertad, pero no nos hace libres.” Ese comentario lo hizo Janne Teller, en el 2015, cuando presentó en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán su libro Todo.

El libro es un compendio de 8 historias que escribió en distintas etapas de su vida, pero que están ligadas por la pérdida de ese espacio que conecta al ser con el mundo. “Los personajes en algún momento pierden esa conexión y su vida empieza a estar mal, pero no saben cómo pueden volver a conectarse, no tienen quién los guíe” dice la autora.

Esa cita tiene pertinencia ahora que Mariana Giménez encabeza la puesta en escena Todo. Ella, en conjunto con su equipo de trabajo, expande el proceso que les llevo a montar previamente otro libro de la misma autora (Nada) y aún cuando es perceptible el desarrollo de los aciertos logrados, algo peculiar sucede en el resultado.

Es muy difícil ver esta puesta en escena y desvincularla de la anterior, quizá sea un error en tanto que no hay elementos de continuidad más allá del equipo, pero la limpieza en las imágenes que se lograron previamente no ocurren aquí. Hay varios bloques donde la ilustración es el recurso, algunos funcionan como guiños cómicos, otros como “contexto referencial”, en la suma dan la sensación de que el relato no tiene la fuerza para sostenerse sin “muletas”.

José Manuel Hidalgo está a cargo de la adaptación, sería interesante tratar de discernir si hubo una apuesta a mantener la vena narrativa como eje, o bien, la narrativa de Teller pesó más que las posibilidades de acción. Esta característica en el texto, da la impresión, es lo que orilla a ilustrar la escena.

Lucía Uribe, Andrea Riera, Leonardo Zamaudio y Pablo Marín hacen un gran trabajo, construyen personajes, alimentan emotivamente las situaciones, construyen el ritmo de la obra, producen una grata sensación al verlos en escena.

Patricia Gutiérrez genera ambientes y espacios con la luz, acentúa los momentos relevantes y propone imágenes que se suman a la fuerza de los actores.

El trabajo actoral es bueno, la propuesta de espacio e iluminación aportan, la dirección mantiene el rigor y compromiso ya visto con anterioridad y, aun así, la puesta en escena se siente que no fluye, algo ocurre, que no tiene que ver con el ritmo, que da la sensación de pesadez.

Quizá simplemente Todo tiene esa alma de la narrativa que no puede convertirse en carne de escena, quizá la mancuerna Giménez/Hidalgo no fue tan efectiva como la de Giménez/Perrín –adaptadora de Nada-, quizá no poder desligar el proyecto del anterior trabajo (que tiene muy altos niveles) sea lo que provoque esta sensación.

Aun cuando Todo no llega a buen puerto, el que exista el proyecto y la puesta en escena aporta bastante, enriquece el trabajo del colectivo que está detrás, permite que otro texto de Teller se pruebe en escena. A veces un resultado no tan contundente es la semilla para lograr un crecimiento.

Para más información sobre esta obra aquí.

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